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INTELIGENCIA, ó instruccion de Asaph. Escucha, pueblo mío, mi ley y ten atentos tus oídos para percibir las palabras de mi boca. 2 La abriré profiriendo parábolas; diré cosas recónditas desde el principio del mundo,


3 las cuales las hemos oído y entendido, y nos las contaron ya nuestros padres. 4 No las ocultaron éstos a sus hijos, ni a su posteridad; publicaron, sí, las glorias del Señor, y los prodigios y maravillas que había hecho. 5 El estableció alianza con Jacob y dio la ley a Israel. Todo lo cual mandó a nuestros padres que lo hiciesen conocer a sus hijos, 6 para que lo sepan las generaciones venideras. Los hijos que nacerán y crecerán, lo contarán a sus hijos. 7 A fin de que pongan en Dios su esperanza, y no se olviden de las obras de Dios y guarden con esmero sus mandamientos; 8 para que no sean, como sus padres, generación perversa y rebelde, generación que nunca tuvo recto su corazón, ni su espíritu fiel a Dios. 9 Los hijos de Efraín, diestros en tender y disparar el arco, volvieron las espaldas el día del combate. 10 Habían faltado al pacto con Dios, y no habían querido seguir su ley. 11 Se olvidaron de sus beneficios, y de las maravillas que obró a la vista de ellos. 12 Delante de sus padres hizo portentos en la tierra de Egipto, y en las llanuras de Tanis.
13 Rompió el mar por medio, y los hizo pasar, y contuvo las olas como en un montón.


14 Y los fue guiando de día por medio de una nube, y toda la noche con resplandor de fuego.


15 En el desierto hendió una peña, les dio para beber como un caudaloso río,


16 pues hizo brotar de una roca caudales de agua, que corrieron a manera de ríos. 17 Ellos volvieron, sin embargo, a pecar contra él. En aquel árido desierto provocaron la ira al Altísimo; 18 pues tentaron a Dios en sus corazones, pidiendo manjares a medida de su gusto. 19 Y hablaron mal de Dios, y dijeron: ¿Por ventura podrá Dios preparar una mesa en el desierto?


20 Porque él dio un golpe en la peña y salieron aguas, y se formaron torrentes caudalosos, ¿podrá acaso dar también y poner una mesa a su pueblo?


21 Lo oyó el Señor, y se irritó, se encendió el fuego de su cólera contra Jacob , y subió de punto su indignación contra Israel,


22 porque no creyeron a Dios, ni esperaron de él la salud. 23 Siendo así que dio orden a las nubes que tenían encima, y abrió las puertas del cielo, 24 y les llovió el maná para comer, dándoles pan del cielo.


25 Pan de ángeles comió el hombre. Les envió víveres en abundancia.


26 Retiró del cielo el viento meridional o solano, y substituyó con su poder el ábrego.


27 E hizo llover sobre ellos carnes en tanta abundancia como polvo, y aves volátiles como arenas del mar; 28 aves que cayeron en medio de sus campamentos, alrededor de sus tiendas, 29 con lo que comieron y quedaron ahítos, y satisfacieron su deseo, 30 y quedó cumplido su antojo. Aún estaban con el bocado en la boca,


31 cuando la ira de Dios descargó sobre ellos; y mató a los más robustos del pueblo, acabando con lo más florido de Israel. 32 A pesar de todo esto pecaron nuevamente, y no dieron crédito a sus milagros. 33 Y así sus días se desvanecieron como humo, y se acabaron muy presto los años de su vida. 34 Cuando el Señor hacía en ellos mortandad, entonces recurrían a él, y volvían en sí, y acudían solícitos a buscarle. 35 Y se acordaban que Dios es su amparo, y que el Dios Altísimo es su redentor. 36 Pero le amaron de boca, y le mintieron con su lengua;
37 pues su corazón no fue sincero para con él, ni fueron fieles a su alianza. 38 El Señor es misericordioso, les perdonaba sus pecados, y no acababa del todo con ellos. Contuvo muchísimas veces su indignación, y no dio lugar a todo su enojo, 39 haciéndose cargo que son carne, un soplo que sale y no vuelve. 40 ¡Oh cuántas veces lo irritaron en el desierto! ¡Cuántas lo provocaron a ira en aquel erial! 41 Y volvían de nuevo a tentar a Dios, y a exasperar al Santo de Israel. 42 No se acordaron de lo que hizo el día aquel en que los rescató de las manos del tirano, 43 cuando ostentó sus prodigios en Egipto, y sus portentos en los campos de Tanis; 44 cuando convirtió en sangre los ríos y demás aguas para que los egipcios no pudieran beber;


45 envió contra éstos todo género de moscas que los consumiesen, y ranas que los corrompieran;


46 entregó sus frutos al pulgón, y sus sudores a la langosta;


47 les destruyó las viñas con granizo, y los árboles con heladas;


48 y exterminó con la piedra sus ganados, y abrasó con rayos todas sus posesiones;
49 descargó sobre ellos la cólera de su enojo, la indignación, la ira y la tribulación, que les envió por medio de mensajeros de desgra-cia; 50 Abrió ancho camino a su ira, no perdonó sus vidas: hasta a sus animales envolvió en la misma mortandad; 51 hirió de muerte a todos los primogénitos del país de Egipto, las primicias de todos sus trabajos en los pabellones de los descendientes de Cam.


52 Entonces sacó a los de su pueblo como ovejas, y los guió como una grey por el desierto. 53 Y los condujo llenos de confianza, quitándoles todo temor; mientras que a sus enemigos los sepultó en el mar.


54 Y los introdujo después en el monte de su satisfacción, monte que adquirió con el poder de su diestra. Al entrar ellos arrojó de allí las naciones; y les repartió por suerte la tierra, distribuyéndosela con cuerdas de medir.


55 Y colocó las tribus de Israel en las habitaciones de aquellas gentes. 56 Mas ellos tentaron de nuevo y exasperaron al Dios Altísimo, y no guardaron sus mandamientos. 57 Antes bien le volvieron las espaldas, y se le rebelaron; semejantes a sus padres, falsearon como un arco torcido. 58 Lo incitaron a ira en sus collados, y con el culto de los ídolos lo provocaron a celos. 59 Lo oyó Dios, y lo despreció; y redujo a la última humillación a Israel. 60 Y desechó el Tabernáculo de Silo, aquel su Tabernáculo donde tenía su morada entre los hombres.


61 Y la fuerza de ellos la entregó a cautiverio; toda su gloria la puso en poder de los enemigos. 62 Y no haciendo ya caso de un pueblo que era su heredad, le entregó al filo de la espada. 63 El fuego devoró sus jóvenes; y sus vírgenes no fueron lloradas. 64 Perecieron a cuchillo sus sacerdotes, y nadie lloraba las viudas de ellos. 65 Entonces despertó el Señor, a la manera del que ha dormido; como un valiente guerrero animado con el vino. 66 E hirió el Señor a sus enemigos en las partes posteriores; los cubrió de oprobio sempiterno.


67 Y desechó el Tabernáculo de José, y no eligió morar ya en la tribu de Efraín. 68 Sino que eligió la tribu de Judá, el monte Sión, al cual amó. 69 Aquí, en esta tierra que había asegurado por todos los siglos, edificó su santuario único y fuerte como asta de unicornio. 70 Y escogió a su siervo David, sacándole de entre los rebaños de ovejas cuando las apacentaba con sus crías,


71 para que pastorease a los hijos de Jacob , su siervo, a Israel herencia suya; 72 y los apacentó con la inocencia de su corazón, y los gobernó con la sabiduría o prudencia de sus acciones.

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