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ORACIÓN de un miserable, que hallándose atribulado derrama en la presencia del Señor sus plegarias. 2 Escucha, ¡oh Señor!, benignamente mis ruegos; y lleguen hasta ti mis clamores. 3 No apartes de mí tu rostro, en cualquier ocasión en que me halle atribulado dígnate oírme. Acude luego a mí, siempre que te invocare;


4 porque como humo han desaparecido mis días, y áridos están mis huesos como leña seca. 5 Estoy marchito como el heno, árido está mi corazón; pues hasta de comer mi pan me he olvidado. 6 De puro gritar y gemir me he quedado con sola la piel pegada a los huesos. 7 Me he vuelto semejante al pelícano, que habita en la soledad; me parezco al búho en su triste albergue. 8 Paso insomnes las noches, y vivo cual pájaro que está solitario sobre los tejados. 9 Me hieren todo el día mis enemigos, y aquellos que me alaban se han conjurado contra mí. 10 Porque el alimento que tomo va mezclado con la ceniza; y mis lágrimas con mi bebida, 11 a vista de tu ira e indignación, pues me levantaste en alto para estrellarme. 12 Como sombra han pasado mis días y me he secado como el heno.
13 Pero tú, Señor, permaneces para siempre, y tu memoria pasará de generación en generación. 14 Tú te levantarás, y tendrás lástima de Sión; porque tiempo es el de apiadarte de ella, llegó ya el plazo. 15 Y porque hasta sus mismas ruinas son amadas de tus siervos, y miran éstos con afición aun al polvo de aquella tierra. 16 Entonces, ¡oh Señor!, las naciones temerán tu santo Nombre, y todos los reyes de la tierra respetarán tu gloria. 17 Porque el Señor reedificará a Sión, en donde se dejará ver con toda majestad. 18 El escuchó la oración de los humildes, y no despreció sus plegarias. 19 Que se escriban estas cosas para la generación venidera; y el pueblo que será creado glorificará al Señor. 20 Porque desde su excelso santuario inclinó los ojos hacia nosotros. Se puso el Señor desde el cielo a mirar la tierra, 21 para escuchar los gemidos de los que estaban entre cadenas, para libertar a los sentenciados a muerte, 22 a fin de que prediquen en Sión el Nombre del Señor y sus alabanzas en Jerusalén . 23 Entonces los pueblos y reyes se reunirán para servir juntos al Señor. 24 Dijo el justo en medio de su florida edad: Manifiéstame ¡oh Señor!, el corto número de mis días.
25 No me llames a la mitad de mi vida. Eternos son tus años. 26 ¡Oh Señor!, tú eres el que al principio creaste la tierra; los cielos obra son de tus manos.


27 Estos perecerán; pero tú eres inmutable. Vendrán a gastarse como un vestido. Y los mudarás como quien muda una capa, y mudados quedarán. 28 Mas tú eres siempre el mismo, y tus años no tendrán fin. 29 Los hijos de tus siervos habitarán tranquilos en Jerusalén, y su descendencia quedará arraigada por los siglos de los siglos.

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Atlas