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TOMANDO entonces la palabra Baldad de Suhá, dijo: 2 ¿Hasta cuándo has de hablar de ese modo, y han de ser como un torbellino las palabras de tu boca? 3 ¿Por ventura tuerce Dios el juicio? ¿O el Omnipotente trastorna la justicia? 4 Aunque tus hijos hayan pecado contra él, y los haya abandonado al poder de su iniquidad, y castigado severamente;


5 esto no obstante, si tú recurres solícito a Dios, y humilde ruegas al Todopoderoso; 6 si procedes con inocencia y rectitud, al punto volverá a ti los ojos para socorrerte, y restituirá la paz y felicidad a la morada de tu inocencia; 7 en tanto grado que tus principios habrán sido pequeños en comparación del último estado de grandeza a que te ensalzará. 8 Pregunta si no a las generaciones pasadas, y escudriña atentamente las memorias de nuestros padres;


9 (porque nosotros nacimos ayer, y somos unos ignorantes, pasándose nuestros días sobre la tierra como una sombra),


10 y ellos te instruirán; hablarán contigo, y de dentro de su corazón sacarán sentencias. 11 ¿Por ventura puede el junco conservarse verde sin humedad? ¿O crecer sin agua un carrizo? 12 Estando todavía en flor, y sin que mano ninguna lo toque, se seca primero que todas las hierbas.
13 Tal es la suerte de todos los que se olvidan de Dios; y así pasará en humo la esperanza del hipócrita. 14 A él mismo no le contentará ya su impiedad; y toda su confianza en las criaturas se desvanecerá como telaraña. 15 Querrá apoyarse sobre su casa, y se hundirá; pondrá puntales, mas no se mantendrá. 16 Pero el justo es una planta que se muestra fresca y lozana antes de venir el sol, y naciendo arroja su retoño. 17 Sus raíces se multiplican, y se abren camino aun por entre los pedregales, y ella vive en medio de peñascos. 18 Si alguno la arrancare de su sitio, ella renunciará a él, y dirá: Nada tengo que hacer contigo. 19 Pues la naturaleza de esta planta es de tan feliz condición, que brotarán nuevamente otros renuevos de la misma tierra. 20 Dios no abandona al hombre de bien, ni alarga su mano a los malvados. 21 Algún día tu boca rebosará de risa, y tus labios de júbilo. 22 Entonces los que te aborrecen, serán cubiertos de confusión; y no quedará en pie la casa de los impíos.

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Ilustración
Atlas