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CONTINUÓ Eliú hablando, y dijo: 2 Aguántame todavía un poco, y me explicaré contigo; porque tengo aún que hablar en defensa de Dios. 3 Sacaré mi conclusión de sus principios, probando que mi Creador es justo, 4 supuesto que mis palabras son ajenas de toda falsedad, y que te haré ver que mi doctrina es sólida. 5 Dios no desecha a los poderosos, siendo también él mismo, como es, poderoso; 6 mas no salva a los impíos, y hace siempre justicia a los pobres. 7 No apartará nunca su vista del justo; él es quien coloca sobre firme trono a los reyes, y por él son ensalzados. 8 Que si se vieren encadenados y aprisionados con cordeles de pobreza, 9 les reconvendrá con sus obras y maldades, pues ejecutaron violencias. 10 Así mismo les abrirá los oídos, para corregirlos con fruto, y los amonestará para que se arrepientan de su iniquidad. 11 Si obedecieren y fueren dóciles, acabarán sus días felizmente, y sus años con gloria; 12 mas si no escuchasen, serán pasados a cuchillo, y perecerán en su necedad.
13 Los hipócritas y de corazón doble provocan la ira de Dios, y no reclamarán a él sinceramente cuando se vean aprisionados. 14 Morirán de muerte violenta, y acabarán su vida entre hombres afeminados y sodomíticos. 15 Al contrario al pobre le libertará Dios de su angustia, y en la tribulación le hablará al oído. 16 Así que, oh Job, te salvará del abismo estrecho e insondable de miserias; y volverás a sentarte en tu opípara mesa. 17 Tu causa está juzgada ya como causa de un impío; has de recibir la ejecución de la sentencia. 18 No te dejes vencer más de la cólera, para oprimir a nadie, ni en adelante te doblen los muchos dones. 19 Depón tu orgullo sin que sea necesaria la tribulación, y reprime a todos los que se hacen fuertes por la prepotencia. 20 No alargues la noche; a fin de que los pueblos puedan acudir a ti para sus negocios. 21 Guárdate de declinar hacia la iniquidad; pues has comenzado a seguir esa mala vida después de la miseria en que te ves. 22 Mira que Dios es soberano en su fortaleza, y ninguno de los legisladores es semejante a él. 23 ¿Quién podrá rastrear sus caminos? O ¿quién puede decirle: Has hecho una injusticia? 24 Reflexiona que tú no llegas a comprender la obra suya que fue celebrada en sus cánticos por los varones más insignes.
25 Todos los hombres lo ven en sus criaturas, cada cual le contempla como desde lejos. 26 ¡Oh, y cuán grande es Dios, y cuánto sobrepuja a nuestra ciencia! Incontable es el número de sus años. 27 El atrae las gotitas de agua, derramando después las lluvias, a manera de torrentes, 28 que se desgajan de las nubes, de que está cubierta toda la región de arriba. 29 Cuando él quiere extiende las nubes a manera de pabellón, 30 y relampaguea con sus rayos desde lo alto, oscureciendo todo de mar a mar. 31 Como que por estos medios castiga y ejerce sus juicios sobre los pueblos, y provee de alimento al gran número de los mortales. 32 El esconde la luz como en sus manos, y después manda que salga de nuevo. 33 A quien él ama, le declara cómo esta luz es posesión suya, y que puede subir a ella y poseerla.

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Ilustración
Atlas