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ENTONCES Elifaz de Temán, rompiendo el silencio, dijo: 2 Si empezamos a razonar contigo, quizá no te gustará lo que diremos; pero, ¿quién podrá contener las palabras que ahora vienen a la boca? 3 Tú eras antes el que amaestraba a muchos; tú dabas vigor a los agobiados. 4 Tus palabras eran el sostén de los vacilantes, y tú fortalecías las trémulas rodillas de los débiles. 5 Mas ahora que el azote ha descargado sobre ti, estás abatido; te ha tocado el Señor, y te has conturbado todo. 6 ¿Dónde está tu temor de Dios? ¿Dónde tu fortaleza, tu paciencia y la perfección de tu conducta antigua? 7 Considera, te ruego, si pereció jamás ningún inocente, o cuándo los buenos han sido exterminados. 8 Al contrario, lo que yo he visto es que los que han cultivado el vicio, han sembrado males, y males han cogido; 9 y han perecido a un soplo de Dios; y han quedado consumidos al aliento de la indignación divina. 10 Así pereció el león que rugía y la leona que bramaba; y fueron desmenuzados los dientes de los leoncillos. 11 Pereció de hambre el tigre por falta de presa, y los leoncillos se fueron cada uno por su lado. 12 Se me dijo en cierta ocasión una palabra recóndita, y mi oído, así como a hurtadillas, percibió algo de aquel blando zumbido.
13 En el horror de una visión nocturna, cuando suele el sueño rendir los hombres, 14 quedé sobrecogido de pavor, y todo temblando, y se estremecieron todos mis huesos; 15 y pasando por delante de mí un espíritu, se me erizaron los cabellos. 16 Se me apareció uno cuyo semblante no pude conocer, un espectro delante de mis ojos, y percibí una voz delicada como de un airecillo suave, que me decía: 17 ¿Acaso un hombre creado por Dios será tenido por justo, o podrá creerse más puro que su Hacedor?


18 Mira que no han sido firmes sus mismos ministros, y que halló culpa hasta en sus ángeles.


19 ¡Cuánto más serán consumidos y como roídos de la polilla, aquellos que habitan casas de barro, cimentadas sobre el polvo! 20 De la noche a la mañana quedarán aniquilados; y por cuanto ninguno considera estas verdades, perecerán para siempre. 21 Los restos que quedaren, serán arrancados; morirán en medio de su locura.

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Ilustración
Atlas