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PERO Job respondió y dijo: 2 ¡Quisiera Dios que mis pecados por los que he merecido la ira, se pesaran en unas balanzas, con la calamidad que padezco! 3 Se vería que mis males pesan tanto y más que la arena de mar, de aquí es que mis pecados están llenos de dolor. 4 Porque parece que todas las saetas del Señor están clavadas en mí; el veneno de ellas va corroyendo mi espíritu, y terrores del Señor, o terribles espectros, combaten contra mí. 5 ¿Por ventura rebuzna el asno montés teniendo hierba? ¿O brama el buey teniendo delante un pesebre bien provisto? 6 ¿O podrá comerse un manjar insípido, no sazonado con sal? ¿O habrá quien coma con gusto aquello que probado causa la muerte? 7 Las cosas que antes hubiera yo rehusado tocar, ahora en la estrechez en que me hallo son mi alimento.


8 ¡Quién me diera que fuese otorgada mi petición, y me concediese Dios lo que tanto deseo! 9 ¡Y que el que ha comenzado a herirme, acabe conmigo, deje caer su mano, y corte mi vida! 10 Y mi consuelo sería que sin perdonarme, fuese afligiéndome con dolores, y que yo me opusiese a los decretos del Santo por esencia. 11 Porque, ¿cuáles son mis fuerzas para poder sobrellevar tantos males? ¿O cuándo tendrá fin mi padecer, para prometerme perseverar en la paciencia? 12 Que no es mi firmeza como la de las peñas, ni es de bronce mi carne.
13 Mirad cómo yo por mí no puedo valerme, y cómo hasta los más allegados míos me han abandonado. 14 Quien no tiene compasión de su amigo, abandona el santo temor de Dios. 15 Mis hermanos han pasado de largo por delante de mí, como pasa un rápido torrente por las cañadas. 16 Pero a veces los que temen la escarcha son abrumados de la nieve. 17 Como los torrentes, al mismo tiempo que se desparramen se perderán; y como la nieve calentando el sol, se derretirán. 18 Tortuosas son las sendas por donde caminan; quedarán reducidos a la nada, y perecerán. 19 Contemplad las veredas de Tema, los caminos de Saba, y esperad un poquito. 20 Se han confundido a vista de mi firme esperanza; se han llegado junto a mí, y quedan cubiertos de rubor. 21 En efecto, acabáis ahora de llegar, y luego que veis mis males tembláis de miedo. 22 ¿Acaso yo os he dicho: Traedme y dadme algo de vuestros bienes? 23 ¿O bien, libradme del poder del enemigo, y sacadme de las manos de los poderosos? 24 Enseñadme, que yo callaré; y si en algo he sido ignorante o he pecado, instruidme.
25 ¿Por qué razón, pues, habéis contradicho a las palabras de verdad que he hablado, siendo así que ninguno de vosotros puede acusarme de pecado? 26 Vuestros estudiados razonamientos sólo tiran a zaherirme, y no hacéis más que hablar al aire. 27 Os arrojáis sobre un huérfano, y os esforzáis en acabar de perder a vuestro amigo. 28 Como quiera, concluid el discurso comenzado, y prestadme después atención, y ved si digo mentira. 29 Respondedme, os ruego, sin porfía, y pronunciad la sentencia conforme a justicia; 30 que no habéis de hallar falsedad en mi lengua, ni de mi boca oiréis necedad alguna.

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Atlas