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MAS ahora hacen burla de mí unos mozalbetes, a cuyos padres me hubiera desdeñado de ponerlos con los mastines de mis rebaños; 2 cuya fuerza y trabajo de sus manos estimaba yo en nada, y eran considerados por indignos aun de la misma vida; 3 muertos de necesidad y de hambre, que andaban buscando por el desierto, algo que poder roer; traspillados de pura calamidad y miseria; 4 y comían hierbas y cortezas de árboles y se sustentaban con raíces de enebro. 5 Semejantes cosas iban buscando por los valles, y hallando alguna corrían a cogerla con algazara. 6 Habitaban en los barrancos de los torrentes, y en las cavernas de la tierra, y entre las breñas. 7 En tales cosas hallaban su alegría, y tenían por delicia el vivir al abrigo de las zarzas. 8 Hijos de gente insensata y grosera, y que no se atreven a aparecer en el mundo. 9 Pues yo he venido a ser ahora el asunto de sus cantares, y el objeto de sus escarnios. 10 Abominan de mí; al verme se apartan lejos, y no reparan en escupirme en la cara. 11 Porque abrió Dios su aljaba, y me hirió, y puso el freno en mi boca. 12 En la flor de mi prosperidad se levantó luego contra mí un tropel de calamidades, que me derribaron por tierra, y echándoseme encima, como una inundación me han oprimido.
13 Me han cortado todos los caminos, y armándome asechanzas han prevalecido contra mí; sin que haya habido quien me ayudase. 14 Como sitiadores furiosos, roto el muro, y forzada la puerta; así se han arrojado sobre mí, y cebado en mis miserias. 15 He quedado reducido a la nada; tú, oh Dios mío, has arrebatado como viento o torbellino, todo lo que yo más amaba, y mi prosperidad ha pasado como una nube. 16 Y ahora está mi alma derritiéndose de congoja dentro de sí misma, viendo que los desastres se han apoderado de mí. 17 Durante la noche taladran mis huesos los dolores, y los gusanos que me roen, no duermen ni descansan. 18 Es tanta la muchedumbre de éstos, que van consumiendo hasta mi vestido; y me ciñen y rodean, como al cuello el cabezón de la túnica. 19 Soy tratado como lodo, y asemejado al polvo y a la ceniza. 20 Clamo a ti, oh Dios mío, y tú no me oyes; estoy en tu presencia, y ni siquiera me miras. 21 Te portas conmigo como si fueras cruel; y me tratas con mano tan pesada como si fueses mi enemigo. 22 Me ensalzaste, y como que me pusiste sobre el aire para estrellarme más reciamente. 23 Bien sé que me has de entregar en poder de la muerte, la cual es el paradero de todos los vivientes. 24 Verdad es que tú no extiendes tu mano para consumirlos enteramente; pues cuando estuvieren derribados, tú mismo los salvarás.
25 Yo en otro tiempo lloraba con el que se hallaba atribulado, y mi alma se compadecía del pobre. 26 Esperaba por eso bienes, y me han sobrevenido males; aguardaba luz, y he quedado cubierto de tinieblas. 27 Se están abrasando mis entrañas sin dejarme reposo alguno; me han sorprendido los días de angustia. 28 Ando melancólico, pero sin enfurecerme; me levanto a veces, y doy gritos en medio de la gente. 29 Soy como hermano de los dragones, y compañero de los avestruces. 30 Mi piel se ha vuelto negra, y mis huesos se han secado, a causa del ardor excesivo que padezco. 31 Mi cítara se ha convertido en llanto, y en voces lúgubres mis instrumentos músicos.

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