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POR esto se estremeció mi corazón, y como que saltó de su lugar. 2 Escuchad atentamente su voz terrible cuando truena, y el sonido espantoso que sale de su boca. 3 El está observando todo cuanto hay debajo del cielo, y su luz penetra y resplandece por todos los términos de la tierra. 4 Detrás del relámpago seguirá un estruendo como de un rugido espantoso, y tronará con la voz de su majestad, y oída que sea no podrá comprenderse lo que es. 5 Retumbará maravillosamente el sonido de la voz de Dios; de Dios que hace cosas grandes e inescrutables. 6 El manda a la nieve que descienda sobre la tierra, y hace caer las lluvias abundantes del invierno, y los aguaceros del verano; 7 él pone como un sello en las manos de todos los hombres, a fin de que reconozcan todos que sus obras penden de lo alto. 8 La fiera se mete en su cueva, y estará queda en su guarida. 9 Levántese la tempestad de los recónditos lugares, y el frío viene del septentrión. 10 Al soplo de Dios se forma el hielo, y se derraman nuevamente las aguas por todas partes. 11 Apetecen los trigos el agua de las nubes; y las nubes al darla esparcen sus brillos o relámpagos. 12 Van las nubes girando por todas partes, doquiera que las guía la voluntad del que las gobierna, prontas a ejecutar sus órdenes en toda la tierra;
13 ya en una tribu extranjera, ya en tierra suya, ya sea en cualquier lugar que su misericordia disponga que se hallen. 14 Escucha, oh Job, estas cosas; párate a reflexionar las maravillas de Dios. 15 ¿Sabes tú por ventura cuándo ha mandado Dios a las lluvias que hiciesen aparecer la luz en sus nubes? 16 ¿Has tú averiguado los varios caminos de esas nubes, y aquella grande y perfecta ciencia del que las gobierna? 17 ¿No es así que se ponen calientes tus vestidos cuando sopla el mediodía sobre la tierra? 18 ¿Acaso tú fabricaste junto con él los cielos, que son tan sólidos y estables como si fueran vaciados de bronce? 19 Si es así, enséñanos qué es lo que le hemos de responder a quien nos pregunte, ya que nosotros estamos envueltos en tinieblas. 20 ¿Quién podrá darle razón de lo que yo digo? Por más que el hombre razone, quedará como abismado. 21 Ahora no ven los hombres la luz porque el aire se condensa repentinamente en nubes; mas un viento que atraviese, las ahuyentará y disipará. 22 Del septentrión viene el oro. Démosle, pues, a Dios respetuosa alabanza. 23 Nosotros no somos dignos de alcanzarle. El es grande en su poder y en sus juicios, y en su justicia, y verdaderamente inefable. 24 Por tanto los hombres le temerán y respetarán, y ninguno de los que se precian de sabios se atreverá a contemplarle con curiosidad.

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Atlas