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¡AY de ti, Sennaquerib, que saqueas a los otros! Que, ¿no serás tú también saqueado? Y tú que desprecias, ¿no serás también despreciado? Cuando acabes el saqueo, serás tú saqueado; cuando ya cansado dejes de menospreciar, serás tú menospreciado. 2 Apiádate, Señor, de nosotros, pues siempre hemos esperado en ti; sé nuestra fortaleza desde la mañana y la salvación nuestra en el tiempo de tribulación. 3 A la voz del ángel huyeron los pueblos; y al alzar tu brazo quedaron disipadas las naciones enemigas. 4 Pueblos orgullosos, vuestros despojos serán recogidos, como se recogen las langostas, cuando hay tanta abundancia que se llenan de ellas los fosos. 5 Engrandecido ha sido el Señor, que habita en lo alto, ha colmado a Sión de rectitud y de justicia. 6 Y reinará la fe en tus tiempos, ¡oh príncipe!; la sabiduría y la ciencia son tus riquezas saludables, y el temor del Señor tu verdadero tesoro. 7 Pero he aquí que desde afuera gritarán los que vean venir a los enemigos. Llorarán amargamente los ángeles o embajadores encargados de la paz. 8 Desiertos están los caminos, ni un caminante se ve por las sendas; ha roto el enemigo la alianza, ha arruinado las ciudades, en nada estima a los hombres. 9 En llanto está todo el país, y en lo sumo del abatimiento; cubierto de oprobio y envilecido el Líbano; el Sarón convertido en un páramo; el Basán y el Carmelo talados. 10 Mas ahora me levantaré yo, dice el Señor, ahora seré ensalzado, ahora seré glorificado. 11 Naciones orgullosas vosotras concebiréis fogosos designios contra mi pueblo; y el resultado será no más que paja; vuestro mismo espíritu cual fuego os devorará. 12 Y quedarán estos pueblos como la ceniza después de un incendio; como haces de espinas serán pábulo de las llamas.
13 Vosotros, los que estáis lejos, escuchad las cosas que he hecho yo, y aprended a conocer mi poder los que estáis cerca. 14 Aterrados han sido de Sión los pecadores; y el temblor se ha apoderado de los hipócritas. ¿Quién de vosotros podrá habitar en un fuego devorador? ¿Quién de vosotros podrá morar entre los ardores sempiternos? 15 Aquel que anda por las sendas de la justicia y habla verdad, que aborrece las riquezas adquiridas con la calumnia o extorsión, y tiene limpias sus manos de todo cohecho; que tapa sus orejas para no prestar oídos a los sanguinarios, y cierra sus ojos por no ver lo malo.

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16 Este es el que tendrá su morada en las alturas; vivirá seguro como en una alta roca; tendrá pan en abundancia, y nunca le faltará el agua. 17 Sus ojos verán al rey de los cielos en su gloria; y la tierra la mirarán lejos de ellos. 18 Entonces tu corazón hará memoria de sus pasados temores. ¿Dónde está, dirá él, el letrado? ¿Dónde el orgulloso que pesaba las palabras de la ley? ¿Dónde el maestro de niños?

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19 No verás ya, ¡oh príncipe! un pueblo descarado, un pueblo de un hablar oscuro, cuya algarabía de lenguaje no puedas entender, el cual carece de toda sabiduría. 20 Vuelve la vista a Sión, ciudad donde se celebran nuestras solemnidades; tus ojos verán a Jerusalén , mansión opulenta; un tabernáculo o pabellón que no podrá ser trasladado a otra parte, pues ni las estacas serán jamás arrancadas, ni se romperá ninguna de sus cuerdas. 21 Porque allí solamente hace nuestro Señor alarde de su magnificiencia. Aquel es lugar de ríos, de ríos anchísimos y caudalosos; no pasará por el barco de remos de ningún enemigo ni menos lo surcará galera grande de tres órdenes de remos. 22 Pues el Señor es nuestro juez, el Señor nuestro legislador, el Señor nuestro rey; él es el que nos ha de salvar. 23 Se aflojaron, ¡oh nave orgullosa! tus cables, y ya no servirán; quedará tan mal parado tu mástil, que no podrás desplegar una bandera. Entonces se repartirán los despojos, y el gran botín que habías hecho; hasta los cojos se llevarán parte de él. 24 Y no dirá el vecino: Soy yo débil para llevarlo; y el pueblo que morará allí recibirá el perdón de sus pecados.

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Ilustración
Atlas