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VISIÓN profética que tuvo Isaías, hijo de Amós, en orden a las cosas de Judá y de Jerusalén , en tiempo de Ozías, de Joatán, de Acaz y de Ezequías , reyes de Judá. 2 Oíd, ¡oh cielos!, y tú, ¡oh tierra!, presta toda tu atención; pues el Señor es quien habla. He criado hijos, dice, y los he engrandecido, y ellos me han menospreciado.

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3 Hasta el buey reconoce a su dueño, y el asno el pesebre de su amo; pero Israel no me reconoce, y mi pueblo no entiende mi voz. 4 ¡Ay de la nación pecadora, del pueblo lleno de iniquidades, de la raza malvada, de los hijos desgarrados! Han abandonado al Señor, han blasfemado del Santo de Israel, le han vuelto las espaldas. 5 ¿De qué servirá el descargar yo nuevos golpes sobre vosotros, si obstinados añadís siempre pecados sobre pecados? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. 6 Desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza no hay en él cosa sana, sino heridas, y moretones, y llaga corrompida que no ha sido curada, ni vendada, ni suavizada con bálsamo. 7 Vuestra tierra está desierta, incendiadas vuestras ciudades, a vuestra vista devoran los extranjeros vuestras posesiones, y a manera de enemigos las devastan.

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8 Y la hija de Sión, o Jerusalén , quedará como cabaña de una viña, como choza de un melonar, y como una ciudad tomada por asalto. 9 De suerte que si el Señor Dios de los ejércitos no hubiese conservado alguno de nuestro linaje, hubiéramos corrido la misma suerte de Sodoma, y en todo semejantes a Gomorra.

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10 Oíd la palabra del Señor, ¡oh príncipes de Judá que imitáis a los reyes de Sodoma! Escucha atento la ley de nuestro Dios, tú, ¡oh pueblo semejante al de Gomorra! 11 ¿De qué me sirve a mí, dice el Señor, la muchedumbre de vuestras víctimas? Ya me tienen fastidiado. Yo no gusto de los holocaustos de carneros, ni de la gordura de los bueyes, ni de la sangre de los becerros, de los corderos y de los machos de cabrío.

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12 Cuando os presentáis ante mi acatamiento, ¿quién os ha mandado llevar semejantes dones en vuestras manos, para pasearos por mis atrios?
13 No me ofrezcáis ya más sacrificios inútilmente, pues abomino del incienso. El novilunio, el sábado y las demás fiestas vuestras no puedo ya sufrirlas más tiempo, porque en vuestras asambleas reina la iniquidad. 14 Vuestras calendas y vuestras solemnidades son por lo mismo odiosas a mi alma; las tengo aborrecidas, cansado estoy de aguantarlas. 15 Y así cuando levantaréis las manos hacia mí yo apartaré mi vista de vosotros; y cuantas más oraciones me hiciereis, tanto menos os escucharé; porque vuestras manos están llenas de sangre.

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16 Lavaos, pues, purificaos, apartad de mis ojos la malignidad de vuestros pensamientos, cesad de obrar mal,

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17 aprended a hacer bien, buscad lo que es justo, socorred al oprimido, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. 18 Y entonces venid y argüidme, dice el Señor: Aunque vuestros pecados os hayan teñido como la grana, quedarán vuestras almas blancas como la nieve; y aunque fuesen teñidas de encarnado como el rojo, se volverán del color de la lana más blanca. 19 Como queráis, y me escuchéis, seréis alimentados de los frutos de vuestra tierra. 20 Pero si no quisiereis, y provocareis mi indignación, la espada de los enemigos traspasará vuestra garganta; pues así lo ha dicho el Señor por su propia boca. 21 ¿Cómo la ciudad fiel, y llena de juicio, se ha convertido en una ramera? Ella fue en otro tiempo alcázar de justicia, y ahora lo es de homicidios. 22 Tu plata se ha convertido en escoria, y tu vino se ha adulterado con el agua. 23 Tus magistrados son desleales, y van a medias con los ladrones; todos ellos gustan de regalos; corren tras el interés; no hacen justicia al huérfano, y no encuentra apoyo en ellos la causa de la viuda.

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24 Por esto dice el Señor Dios de los ejércitos, el Dios fuerte de Israel: ¡Ay cómo tomaré satisfacción de mis contrarios, y venganza de mis enemigos!
25 Y volveré mi mano sobre ti, y acrisolándote quitaré tu escoria, y separaré de ti todo tu estaño. 26 Y restableceré tus jueces, haciendo que sean tales cuales eran antes, y tus consejeros como lo fueron antiguamente; después de lo cual será llamada ciudad del Justo, ciudad fiel. 27 Sí, Sión será redimida en juicio, y repuesta en libertad por justicia. 28 Pero Dios destruirá desde luego a los malvados y los pecadores, y serán anonadados los que abandonaron al Señor. 29 Los mismos ídolos a quienes sacrificaron serán su mayor confusión; y os avergonzaréis de los jardines que habéis escogido, 30 cuando fuereis lo mismo que un alcornoque que ha quedado sin hojas, y como un huerto sin agua. 31 Y vuestra resistencia o fortaleza será igual a la pavesa de la estopa arrimada a la lumbre, y vuestras obras como una chispa: Uno y otro arderán en el fuego que nadie apagará.

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Ilustración
Atlas