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PASARON después al otro lado del lago, al territorio de los gerasenos.

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2 Apenas desembarcado, le salió al encuentro un energúmeno salido de los sepulcros. 3 El cual tenía su morada en ellos, y no había hombre que pudiese refrenarlo, ni aun con cadenas. 4 Pues muchas veces, atado con grillos y cadenas, había roto las cadenas y despedazado los grillos, sin que nadie pudiese domarle. 5 Y andaba siempre día y noche por los sepulcros y por los montes, gritando e hiriéndose con agudas piedras. 6 Este, pues, viendo de lejos a Jesús corrió a él y le adoró. 7 Y clamando en alta voz dijo: ¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús , Hijo del Altísimo Dios? En nombre del mismo Dios te conjuro que no me atormentes. 8 Y es que Jesús le decía: Sal, espíritu inmundo, sal de ese hombre. 9 Y le preguntó Jesús : ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Mi nombre es legión, porque somos muchos. 10 Y le suplicaba con ahínco que no le echase de aquel país. 11 Estaba paciendo en la falda del monte vecino una gran piara de cerdos;

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12 y los espíritus infernales le rogaban diciendo: Envíanos a los cerdos para que vayamos y estemos dentro de ellos;
13 y Jesús se lo permitió al instante; y saliendo los espíritus inmundos, entraron en los cerdos; y con gran furia toda la piara, en que se contaban al pie de dos mil, corrió a precipitarse en el mar, en donde se anegaron todos. 14 Los que los guardaban huyeron y trajeron las nuevas a la ciudad y a las alquerías; las gentes salieron a ver lo acontecido. 15 Y llegando adonde estaba Jesús , ven al que antes era atormentado del demonio, sentado, vestido y en su sano juicio, y quedaron espantados. 16 Los que se habían hallado presentes les contaron lo que había sucedido al demonio, y el azar de los cerdos. 17 Y temiendo muchas pérdidas, comenzaron a rogarle que se retirase de sus confines.

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18 Y al salir Jesús a embarcarse, se puso a suplicarle el que había sido atormentado del demonio que le admitiese en su compañía. 19 Mas Jesús no le admitió, sino que le dijo: Vete a tu casa y con tus parientes, y anuncia a los tuyos la gran merced que te ha hecho el Señor, y la misericordia que ha usado contigo. 20 Se fue aquel hombre, y empezó a publicar por la región de Decápolis cuántos beneficios había recibido de Jesús , y todos quedaron pasmados. 21 Habiendo pasado Jesús otra vez con el barco a la orilla opuesta, concurrió mucha gente a su encuentro; y estando todavía en la ribera del mar, 22 vino en busca de él uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, el cual luego que lo vio se arrojó a sus pies.

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23 Y con muchas instancias le hacía esta súplica: Mi hija está en los últimos; ven y pon sobre ella tu mano para que sane y viva.

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24 Se fue Jesús con él, y detrás de él mucho tropel de gente que le apretaba.
25 En esto una mujer que padecía flujo de sangre hacía doce años,

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26 y había sufrido mucho en manos de varios médicos, y gastado toda su hacienda sin el menor alivio, antes lo pasaba peor; 27 oída la fama de Jesús , se llegó por detrás entre la gente, y tocó su ropa, 28 diciendo para consigo: Como llegue a tocar su vestido, sanaré. 29 En efecto, de repente aquel manantial de sangre se le secó, y percibió en su cuerpo que estaba ya curada de su enfermedad. 30 Al mismo tiempo Jesús conociendo la virtud que había salido de él, vuelto a los presentes, decía: ¿Quién ha tocado mi vestido? 31 A lo que respondían los discípulos: ¿Estás viendo la gente que te comprime por todos lados, y dices: Quién me ha tocado? 32 Mas Jesús proseguía mirando a todos lados para distinguir la persona que había hecho esto. 33 Entonces la mujer, sabiendo lo que había experimentado en sí misma, medrosa y temblando se acercó, y postrándose a sus pies, le confesó toda la verdad. 34 El entonces le dijo: Hija, tu fe te ha curado; vete en paz, y queda libre de tu mal.

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35 Estando aún hablando, llegaron de casa del jefe de la sinagoga a decirle a éste: Murió tu hija, ¿para que cansar ya al Maestro? 36 Mas Jesús , oyendo lo que decían dijo al jefe de la sinagoga: No temas, ten fe solamente.
37 Y no permitió que le siguiese nadie fuera de Pedro, y Santiago, y Juan, el hermano de Santiago. 38 Llegados a casa del jefe de la sinagoga, ve la confusión y los grandes lloros y alaridos de aquella gente; 39 y entrando, les dijo: ¿De qué os afligís tanto y lloráis? La muchacha no está muerta, sino dormida. 40 Y se burlaban de él. Pero Jesús , haciéndoles salir a todos fuera, tomó consigo al padre y a la madre de la muchacha, y a los tres discípulos que estaban con él, y entró adonde la muchacha yacía. 41 Y tomándola de la mano, le dijo: Talitha, cumi (es decir: Muchacha, levántate, yo te lo mando).

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42 Inmediatamente se puso en pie la muchacha y echó a andar, pues tenía ya doce años, con lo que quedaron poseídos del mayor asombro. 43 Pero Jesús les mandó muy estrechamente que nadie lo supiera; y dijo que diesen de comer a la muchacha.

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Atlas