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ALGÚN tiempo después habiendo convocado a los doce apóstoles, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y virtud de curar enfermedades.

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2 Y los envió a predicar el reino de Dios, y a dar la salud a los enfermos. 3 Y les dijo: No llevéis nada para el viaje, ni palo, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni mudas de ropa.

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4 En cualquier casa que entrareis permaneced allí, y no la dejéis hasta la partida. 5 Y donde nadie os recibiere, al salir de la ciudad, sacudid aun el polvo de vuestros pies, en testimonio contra sus moradores.

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6 Habiendo, pues, partido, iban de lugar en lugar, anunciando la buena nueva del reino de Dios, y curando enfermos por todas partes. 7 Entretanto oyó Herodes el tetrarca todo lo que hacía Jesús , y no sabía a qué atenerse,

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8 porque unos decían: Sin duda que Juan ha resucitado; algunos: No, sino que ha aparecido Elías; otros, en fin, que uno de los profetas antiguos había resucitado. 9 Y decía Herodes : A Juan yo le corté la cabeza: ¿Quién será, pues, éste de quien tales cosas oigo? Y buscaba cómo verle. 10 Los apóstoles a la vuelta contaron a Jesús todo cuanto habían hecho, y el tomándolos consigo aparte se retiró a un lugar desierto, del territorio de Betsaida.

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11 Lo que sabido por los pueblos se fueron tras él; y los recibió Jesús con amor, y les hablaba del reino de Dios, y daba salud a los que carecían de ella. 12 Empezaba a caer el día. Por lo que acercándose los doce apóstoles le dijeron: Despacha ya a estas gentes, para que vayan a buscar alojamiento, y hallen qué comer en las villas y aldeas del contorno; pues aquí estamos en un desierto.

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13 Les respondió Jesús : Dadles vosotros de comer. Pero ellos replicaron: No tenemos más de cinco panes y dos peces , a no ser que quieras que vayamos nosotros con nuestro poco dinero a comprar víveres para toda esta gente.

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14 Es de notar que eran como unos cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: Hacedlos sentar por cuadrillas de cincuenta en cincuenta. 15 Así los hicieron sentar a todos. 16 Y habiendo él tomado los cinco panes y los dos peces , levantando los ojos al cielo, los bendijo, los partió y los distribuyó a los discípulos, para que los sirviesen a la gente. 17 Y comieron todos, y se saciaron; y de lo que les sobró, se sacaron doce cestos de pedazos. 18 Sucedió un día que habiéndose retirado a hacer oración, teniendo consigo a sus discípulos, preguntándoles: ¿Quién dicen las gentes que soy yo?

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19 Ellos le respondieron: Muchos que Juan Bautista, otros que Elías, otros, en fin, uno de los antiguos profetas que ha resucitado.

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20 Y vosotros, replicó Jesús , ¿quién decís que soy yo? Respondió Simón Pedro: El Cristo o ungido de Dios.

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21 Pero él les mandó que a nadie dijesen eso. 22 Y añadió: Porque conviene que el Hijo del hombre padezca muchos tormentos y sea condenado por los ancianos, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y sea muerto, y resucite al tercer día.

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23 Asimismo decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí que renuncie a sí mismo, lleve su cruz cada día, y me siga.

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24 Pues quien quisiere salvar su vida, la perderá; cuando al contrario, el que perdiere su vida por amor de mí, la pondrá a salvo.

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25 ¿Y qué adelanta el hombre con ganar todo el mundo, si es a costa suya, y perdiéndose a sí mismo? 26 Porque quien se avergonzare de mí y de mis palabras, de ése se avergonzará el Hijo del hombre, cuando venga en su majestad, y en la de su Padre, y de los santos ángeles.

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27 Os aseguro con verdad, que algunos hay aquí presentes que no morirán sin que hayan visto el reino de Dios.

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28 Sucedió, pues, que cerca de ocho días después de dichas estas palabras, tomó consigo a Pedro, y a Santiago, y a Juan, y subió a un monte a orar.

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29 Y mientras estaba orando, apareció diversa la figura de su semblante, y su vestido se volvió blanco y refulgente.

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30 Y se vieron de repente dos personajes que conversaban con él, los cuales eran Moisés y Elías, 31 que aparecieron en forma gloriosa y hablaban de su salida, la cual estaba para verificar en Jerusalén . 32 Mas Pedro y sus compañeros se hallaban cargados de sueño. Y despertando vieron la gloria de Jesús y a los dos personajes que le acompañaban. 33 Y así que éstos iban a despedirse de él, le dijo Pedro: Maestro, bien estamos aquí; hagamos tres tiendas o pabellones, una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías; no sabiendo lo que decía. 34 Mas en tanto que esto hablaba, se formó una nube que los cubrió; y viéndolos entrar en esta nube, quedaron aterrados. 35 Y salió de la nube una voz que decía: Este es el hijo mío querido, escuchadle.

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36 Al oírse esta voz, se halló Jesús solo. Y ellos guardaron silencio, y a nadie dijeron por entonces nada de lo que habían visto.
37 Al día siguiente, cuando bajaban del monte, les salió al camino gran multitud; 38 y en medio de ella un hombre clamó, diciendo: Maestro, mira, te ruego, a mi hijo, que es el único que tengo;

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39 y un espíritu maligno le toma, y de repente le hace dar alaridos, y le tira contra el suelo, y le agita con violentas convulsiones hasta hacerlo arrojar espuma, y con dificultad se aparta de él, después de desgarrarle sus carnes. 40 He rogado a tus discípulos que le echen, mas no han podido. 41 Jesús entonces, tomando la palabra, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa!, ¿hasta cuándo he de estar con vosotros, y sufriros? Trae aquí a tu hijo. 42 Al acercarse, le tiró el demonio contra el suelo, y lo maltrataba. 43 Pero Jesús , habiendo increpado al espíritu inmundo, curó al mozo, y lo devolvió a su padre. 44 Con lo que todos quedaban pasmados del gran poder de Dios; y mientras todo el mundo no cesaba de admirar las cosas que hacía, él dijo a sus discípulos: Grabad en vuestro corazón lo que voy a deciros: El Hijo del hombre está para ser entregado en manos de los hombres.

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45 Pero ellos no entendieron este lenguaje, y les era tan oscuro el sentido de estas palabras, que nada comprendieron, ni tuvieron valor para preguntarle sobre lo dicho. 46 Y les vino al pensamiento cuál de ellos sería el mayor;

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47 pero Jesús , leyendo los afectos de su corazón, tomó de la mano a un niño y lo puso junto a sí, 48 y les dijo: Cualquiera que acogiere a este niño por amor mío, a mí me acoge; y cualquiera que me acogiere a mí, acoge al que me ha enviado. Y así, aquel que es el menor entre vosotros, ése es el mayor.
49 Entonces Juan, tomando la palabra, dijo: Maestro, hemos visto a uno lanzar los demonios en tu nombre, pero se lo hemos vedado; porque no anda con nosotros en tu seguimiento.

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50 Le dijo Jesús : No se lo prohibais; porque quien no está contra vosotros, por vosotros está. 51 Y cuando estaba para cumplirse el tiempo en que Jesús había de salir, se puso en camino, mostrando un semblante decidido para ir a Jerusalén . 52 Y despachó a algunos delante de sí para anunciar; los cuales habiendo partido entraron en una ciudad de samaritanos a prepararle hospedaje. 53 Mas no quisieron recibirle, porque daba a conocer que iba a Jerusalén . 54 Viendo esto sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: ¿Quieres que mandemos que llueva fuego del cielo y los devore? 55 Pero Jesús vuelto a ellos los reprendió, diciendo: No sabéis a qué espíritu pertenecéis. 56 El Hijo del hombre no ha venido para perder a los hombres, sino para salvarlos. Y con esto se fueron a otra aldea.

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57 Mientras iban andando su camino, hubo un hombre que le dijo: Señor, yo te seguiré adondequiera que fueres. 58 Pero Jesús le respondió: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas entiende que el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar su cabeza.

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59 A otro le dijo Jesús : Sígueme; mas éste respondió: Señor, permíteme que vayas antes, y dé sepultura a mi padre. 60 Le replicó Jesús : Deja tú a los muertos el cuidado de sepultar a sus muertos; pero tú ve, y anuncia el reino de Dios. 61 Y otro le dijo: Yo te seguiré, Señor; pero primero déjame ir a despedirme de mi casa. 62 Le respondió Jesús : Ninguno que después de haber puesto mano en el arado vuelve los ojos atrás, es apto para el reino de Dios.

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Atlas