PARA el fin: Salmo de David. 2 Escucha oh Dios mío, mi oración, cuando a ti clamo; libra mi alma del temor que me causa el enemigo. 3 Tú me has defendido de la conspiración de los malignos, del tropel de los que obran la iniquidad. 4 Ellos aguzaron sus lenguas como espada; asestaron su arco emponzoñado, 5 para asaetear desde una emboscada al inocente. 6 De repente le harán el tiro, sin temor alguno; obstinados en su infame designio, trataron de armar ocultos lazos, y dijeron: ¿Quién los podrá descubrir? 7 Discurrieron mil invenciones para hacer el mal; se cansaron de escudriñar ardides. Se envalentonará el hombre meditando grandes proyectos. 8 Mas Dios será ensalzado. Las heridas que ellos hagan son como las que hacen las flechas que disparan los niños. 9 Y sus lenguas han flaqueado contra ellos mismos. Quedaron asombrados cuantos los veían, 10 y no hubo quien se atemorizase. Con lo cual publicaron todos las obras de Dios y meditaron sobre sus hechos. 11 Se alegrará el justo en el Señor, y esperará en él; y serán aplaudidos todos los de recto corazón.
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