PARA el fin: Salmo de David, por un éxtasi ó EXCESO DE PENA.

2 Oh Señor, en ti tengo puesta mi esperanza; no quede yo para siempre confundido; sálvame, pues eres justo. 3 Dígnate escucharme, acude prontamente a librarme. Sé para mí un Dios tutelar, y un alcázar de refugio para ponerme a salvo. 4 Porque tú eres mi fortaleza y mi asilo; y por honra de tu Nombre me guiarás y sustentarás. 5 Tú me sacarás del lazo que me tienen ocultamente armado, pues tú eres mi protector. 6 En tus manos encomiendo mi espíritu; tú me has redimido, ¡oh Señor Dios de la verdad!

7 Tú aborreces a los que se pagan de supersticiones inútiles. Mas yo tengo puesta en el Señor mi esperanza. 8 En tu misericordia me regocijaré, y saltaré de gozo. Porque te dignaste volver los ojos a mi abatimiento, y sacaste de apuro mi alma. 9 No me dejaste encerrado en manos del enemigo, sino que abriste ancho camino a mis pies.

10 Apiádate de mí, ¡oh Señor! porque me veo atribulado. Mi vista, mi espíritu, mis entrañas se han conturbado por el pesar o indignación. 11 Pues de puro dolor se va consumiendo mi vida y mis años con tanto gemir. Se ha debilitado mi vigor a causa de la miseria, y todos mis huesos se hallan dislocados. 12 He venido a ser el oprobio de todos mis enemigos, y principalmente de mis vecinos; y objeto de horror para mis conocidos. Los que me veían, huían lejos de mí. 13 Fui borrado de su corazón, y puesto en olvido como un muerto; fui considerado como un mueble inútil. 14 Porque yo oía los denuestos de muchos que estaban alrededor mío; los cuales al conjurarse contra mí, trazaron entre ellos quitarme la vida. 15 Pero yo, Señor, puse en ti mi esperanza. Y tú eres, dije yo, mi Dios; 16 en tus manos está mi suerte. Líbrame del poder de mis enemigos, y de aquellos que me persiguen. 17 Derrama sobre tu siervo la luz de tu rostro; sálvame por tu misericordia. 18 ¡Oh Señor!, no quede yo confundido ya que te he invocado. Queden, sí, avergonzados los impíos, y sean derribados al profundo. 19 Enmudezcan los labios fraudulentos, que hablan inicuamente contra el justo con soberbia y menosprecio.

20 ¡Oh, cuán grande es, Señor, la dulzura que tienes reservada para los que te temen! Tú la has comunicado abundantemente, a vista de los hijos de los hombres, a aquellos que tienen puesta en ti su esperanza. 21 Tú los esconderás donde está escondido tu rostro, preservándolos de los alborotos de los hombres. Los pondrás en tu Tabernáculo, a cubierto de las lenguas maldicientes. 22 Bendito sea el Señor que ha ostentado maravillosamente su misericordia conmigo en la ciudad fortificada. 23 Yo, es verdad, que dije en un arrebato de mi genio: Arrojado me hallo de tu vista. Por eso mismo te dignaste oír mi oración, mientras a ti clamaba. 24 Amad al Señor, santos suyos todos; porque el Señor inquirirá la verdad, y dará el pago bien cumplido a los que obran con soberbia. 25 Portaos varonilmente todos vosotros los que tenéis puesta en el Señor vuestra esperanza, y tened buen ánimo.
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