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NO hables nada inconsideradamente, ni sea ligero tu corazón en proferir palabras indiscretas delante de Dios, porque Dios es el Señor que está en los cielos, y tú un vil gusano sobre la tierra. Sean, pues, pocas y muy medidas tus palabras. 2 A los muchos cuidados se siguen sueños molestos, y en el mucho hablar no faltarán sandeces. 3 Si hiciste algún voto a Dios, no tardes en cumplirlo; pues le desagrada la promesa infiel y la prudente. Por tanto cumple todo lo que hubieres prometido. 4 Porque mucho mejor es no hacer votos que hacerlos y no cumplirlos. 5 No sea tu lengua ocasión de que peque tu cuerpo. No digas en presencia del ángel: No hay providencia; no sea que Dios, irritado contra tus palabras, destruya todas las obras de tus manos. 6 Donde los sueños son muchos, son muchísimas las vanidades, y sin fin las palabras; pero tú teme a Dios. 7 Si vieres la opresión de los pobres, la violencia que reina en los juicios y el trastorno de la justicia en una provincia, no hay que turbarte por este desorden; pues aquel que está en alto puesto, tiene otro sobre sí, y sobre éstos aun hay otros más elevados, 8 y hay, en fin, sobre todos un soberano, a quien toda la tierra sirve reverente. 9 El avariento jamás se saciará de dinero, y quien ama ciegamente las riquezas ningún fruto sacará de ellas. Luego también es esto vanidad. 10 Donde hay muchos bienes, hay también muchos que lo consumen. ¿Qué provecho, pues, saca el poseedor sino el estar mirando con sus ojos los tesoros que tiene? 11 Dulcemente duerme el trabajador, ora sea poco, ora sea mucho lo que ha comido, pero está el rico tan repleto de manjares que no puede dormir. 12 Hay todavía otra dolorosísima miseria que he visto debajo del sol: las riquezas atesoradas para ruina de su dueño;


13 pues las ve desaparecer con terrible aflicción suya. El hijo que él engendró se verá reducido a la mayor miseria; 14 y él mismo, así como salió desnudo del vientre de su madre, así saldrá de esta vida, sin llevar consigo nada de lo adquirido con su trabajo.


15 Verdaderamente que es ésta una desdicha bien lamentable; como vino al mundo, así se volverá; ¿qué le aprovecha haberse afanado en balde? 16 Todos los días de su vida ha comido a oscuras, y en medio de muchos cuidados con mezquindad y melancolía. 17 Por tanto yo tengo por una cosa bien hecha el que el hombre coma y beba sobriamente, y disfrute con alegría del fruto de las fatigas que ha de soportar en este mundo durante los días de vida que Dios le conceda; y ésta es la suerte que le pertenece. 18 Y cuando concede Dios a un hombre conveniencias y hacienda, dándole al mismo tiempo facultad para gozar de ellas, y disfrutar de la parte que le ha tocado, y alegrarse con el fruto de su trabajo, es esto un don de Dios. 19 Los días de su vida se le pasarán casi sin sentirlo, porque Dios le llenará el corazón de delicias.

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Atlas