PRINCIPIO de la nueva noticia de Jesucristo, Hijo de Dios. 2 Conforme a lo que se halla escrito en el profeta Isaías: He aquí que despacho yo mi ángel o enviado ante tu presencia, el cual irá delante de ti preparándote el camino:

3 Esta es la voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, hacedle rectas las sendas.

4 Estaba Juan en el desierto de la Judea bautizando y predicando el bautismo de penitencia para la remisión de los pecados;

5 y acudía a él todo el país de Judea y todas las gentes de Jerusalén ; y confesando sus pecados, recibían de su mano el bautismo en el río Jordán.

6 Andaba Juan vestido con un saco de pelos de camello, y traía un ceñidor de cuero a la cintura, sustentándose de langostas y miel silvestre. Y predicaba diciendo:

7 Después de mí viene uno que es más poderoso que yo, ante el cual no soy digno ni de postrarme para desatar la correa de sus zapatos.

8 Yo os he bautizado con agua; mas él os bautizará con el Espíritu Santo.

9 Por estos días fue cuando vino Jesús desde Nazaret, ciudad de Galilea, y Juan le bautizó en el Jordán.

10 Y luego al salir del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu Santo descender en forma de paloma y posar sobre él mismo.

11 Y se oyó esta voz del cielo: Tú eres mi Hijo muy amado; en ti me he complacido.

12 Después el mismo Espíritu le arrebató al desierto.

13 Donde se mantuvo cuarenta días y cuarenta noches. Allí fue tentado por Satanás; y moraba entre las fieras, y los ángeles le servían.

14 Pero después que Juan fue puesto en la cárcel, vino Jesús a la alta Galilea predicando la buena nueva del reino de Dios.

15 Y diciendo: Se ha cumplido ya el tiempo, y el reino de Dios está cerca: Haced penitencia, y creed las buenas nuevas.

16 En esto, pasando por la ribera del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, echando las redes al mar (pues eran pescadores);

17 y les dijo Jesús : Seguidme, y yo os haré pescadores de hombres. 18 Y ellos prontamente, abandonadas las redes, lo siguieron. 19 Habiendo pasado un poco más adelante, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, ambos asimismo en la barca, componiendo las redes. 20 Los llamó luego; y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron con él. 21 Entraron después en Cafarnaúm, y Jesús comenzó a enseñar los sábados al pueblo en la sinagoga.

22 Y los oyentes estaban asombrados de su doctrina; porque su modo de enseñar era de una persona que tiene autoridad, y no como los escribas.

23 Había en la sinagoga un hombre poseído del espíritu inmundo, el cual exclamó,

24 diciendo: ¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, oh Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? Ya sé quién eres: eres el Santo de Dios. 25 Mas Jesús le conminó diciendo: Enmudece, y sal de ese hombre. 26 Entonces el espíritu inmundo, agitándole con violentas convulsiones, y dando grandes alaridos, salió de él, 27 y quedaron todos atónitos, tanto que se preguntaban unos a otros: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? El manda con imperio aun a los espíritus inmundos, y le obedecen. 28 Con esto creció su fama por toda Galilea.

29 Así que salieron de la sinagoga, fueron con Santiago y Juan a casa de Simón y de Andrés.

30 Estaba la suegra de Simón en cama con fiebre, y le hablaron de ella; 31 y acercándose, la tomó por la mano y la levantó; y al instante la dejó la fiebre y se puso a servirles.

32 Por la tarde, puesto ya el sol, le traían todos los enfermos y endemoniados.

33 Y toda la ciudad se había juntado delante de la puerta. 34 Y curó a muchas personas afligidas de varias dolencias, y lanzó a muchos demonios, sin permitirles decir que sabían quién era.

35 Por la mañana muy de madrugada salió fuera a un lugar solitario, y hacía allí oración. 36 Pero Simón y los que estaban con él fueron en su busca. 37 Y habiéndole hallado, le dijeron: Todos te andan buscando. 38 A lo cual respondió: Vamos a las aldeas y ciudades vecinas para predicar yo también en ellas, porque para eso he venido. 39 Iba, pues, Jesús predicando en sus sinagogas y por toda la Galilea, y expulsaba los demonios.

40 Vino también a él un leproso a pedirle favor, e hincándose de rodillas, le dijo: Si tú quieres, puedes curarme.

41 Jesús , compadeciéndose de él, extendió la mano, y tocándole, le dijo: Quiero, sé curado; 42 y acabando de decir esto, al instante desapareció de él la lepra, y quedó curado; 43 y Jesús le despachó, 44 diciéndole: Mira que no lo digas a nadie; pero ve y preséntate al príncipe de los sacerdotes, y ofrece por tu curación lo que tiene Moisés ordenado, para que esto les sirva de testimonio.

45 Mas aquel hombre, así que se fue, comenzó a hablar de su curación, y a publicarla por todas partes; de modo que ya no podía Jesús entrar manifiestamente en la ciudad, sino que andaba fuera por lugares solitarios, y acudían a él de todas partes.
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