PABLO, constituido apóstol, no por los hombres ni por la autoridad de hombre alguno, sino por Jesucristo, y por Dios su Padre, que le resucitó de entre los muertos, 2 y todos los hermanos que conmigo están, a las iglesias de Galacia, 3 gracia a vosotros, y paz de parte de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor, 4 el cual se dio a sí mismo a la muerte por nuestros pecados, para sacarnos de la corrupción de este mundo, conforme a la voluntad de Dios y padre nuestro , 5 cuya es la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

6 Me maravillo cómo así tan de ligero abandonáis al que os llamó a la gracia de Cristo , para seguir otro evangelio. 7 Mas no es que haya otro evangelio, sino que hay algunos que os traen alborotados, y quieren trastornar el evangelio de Cristo . 8 Pero aun cuando nosotros mismos, o un ángel del cielo, si posible fuese, os predique un evangelio diferente del que nosotros os hemos anunciado, sea anatema. 9 Os lo he dicho ya, y os lo repito: Cualquiera que os anuncie un evangelio diferente del que habéis recibido, sea anatema. 10 Porque en fin ¿busco yo ahora la aprobación de los hombres, o de Dios? ¿Por ventura pretendo agradar a los hombres? Si todavía prosiguiese complaciendo a los hombres, no sería yo siervo de Cristo .

11 Porque os hago saber, hermanos, que el evangelio que yo os he predicado, no es una cosa humana;

12 pues no lo he recibido, ni aprendido yo de algún hombre, sino por revelación de Cristo .

13 Porque bien habéis oído decir el modo con que en otro tiempo vivía yo en el judaísmo, con qué exceso de furor perseguía a la Iglesia de Dios, y la desolaba,

14 y me señalaba en el judaísmo más que muchos coetáneos míos de mi nación, siendo en extremo celoso de las tradiciones de mis padres. 15 Mas cuando quiso aquel Señor, que me destinó y separó desde el vientre de mi madre, y me llamó con su gracia,

16 revelarme a su Hijo, para que yo le predicase a las naciones, lo hice al punto sin tomar consejo de la carne ni de la sangre, 17 ni pasar a Jerusalén en busca de los apóstoles anteriores a mí; sino que me fui luego a la Arabia, de donde volví otra vez a Damasco. 18 De allí a tres años fui a Jerusalén para visitar a Pedro, y estuve con él quince días; 19 y no vi a otro alguno de los apóstoles, sino a Santiago, el primo hermano del Señor. 20 De todo esto que os escribo, pongo a Dios por testigo que no miento. 21 De allí fui a los países de Siria y de Cilicia. 22 Hasta entonces no me conocían de vista las iglesias de Cristo , que había en la Judea; 23 solamente habían oído decir: Aquel que antes nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo impugnaba. 24 Y glorificaban a Dios por causa de mí, de mi conversión.
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