¡OH cuán bella es la generación casta con esclarecida virtud! Inmortal es su memoria, y en honor delante de Dios y de los hombres. 2 Cuando está presente, la imitan, y cuando se ausenta, la echan de menos; y coronada triunfa eternamente ganando el premio en los combates por la castidad. 3 Pero la raza de los impíos, aunque multiplicada, de nada servirá; y no echarán hondas raíces los retoños bastardos, ni tendrán una estable consistencia. 4 Que si por algún tiempo brotan, como no tienen firmeza serán sacudidos por el viento, y desarraigados por la violencia del huracán.

5 Con lo que serán desgajadas sus ramas antes de acabar de formarse; inútiles y de áspero gusto sus frutos, y para nada buenos. 6 Porque los hijos nacidos de uniones ilícitas, al preguntárseles de quién son, vienen a ser testigos que deponen contra el crimen de sus padres.

7 Mas el justo, aunque sea arrebatado de muerte prematura, estará en lugar de refrigerio o reposo. 8 Porque no hacen venerable la vejez los muchos días, ni los muchos años; sino que la prudencia y juicio del hombre suplen por las canas, 9 y es edad anciana la vida inmaculada. 10 Porque el justo agradó a Dios, fue amado de él; y como vivía entre los pecadores, fue trasladado a otra parte.

11 Fue arrebatado para que la malicia no alterase su modo de pensar, ni sedujesen su alma las apariencias engañadoras del mundo. 12 Pues el hechizo de la vanidad del siglo oscurece el bien verdadero; y el inconstante ímpetu de la concupiscencia pervierte el ánimo inocente. 13 Con lo poco que vivió, llenó la carrera de una larga vida. 14 Porque su alma era grata a Dios, por eso mismo se apresuró el Señor a sacarlo de en medio de los malvados. Viéndolo las gentes, no entendieron ni reflexionaron en su corazón

15 ser esto una gracia y misericordia de Dios para con sus santos, y providencia particular con sus escogidos. 16 Mas el justo muerto condena a los impíos que viven; y su juventud pronto acabada, la larga vida del pecador. 17 Los impíos verán el fin del hombre prudente, y no comprenderán los designios de Dios sobre él, ni cómo el Señor lo ha puesto a salvo. 18 Lo verán, y lo mirarán con desprecio; mas el Señor se burlará de ellos; 19 y al cabo vendrán a morir sin honor, y estarán con eterna infamia entre los muertos; porque Dios hará que éstos hinchados de orgullo revienten de medio a medio, sin que osen abrir su boca, y los desquiciará desde los cimientos, y los reducirá a extrema desolación y quedarán gimiendo, y perecerá para siempre su memo-ria. 20 Comparecerán llenos de espanto por el remordimiento de sus pecados, y sus mismas iniquidades se levantarán contra ellos para acusarlos.
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