SABED que un rey de Judá reinará con justicia, y sus magistrados gobernarán con rectitud. 2 Y este varón será como un lugar de refugio para guardarse del viento y guarecerse de las tempestades; como arroyos de frescas aguas en tiempo de sequía, y como la sombra de una alta peña en medio de un ardiente páramo. 3 No se ofuscarán ya los ojos de los videntes o profetas, y escucharán con atención los oídos de los que oirán a los profetas. 4 Entonces el corazón de los necios entenderá la ciencia, y hablará clara y expeditamente la lengua de los balbucientes. 5 El insensato no será más llamado príncipe ni tendrá el tramposo el título de magnate. 6 Porque el necio hablará necedades y su corazón maquinará maldades usando de hipocresía y hablando de Dios con doblez y consumiendo el alma del hambriento y quitando el agua al que muere de sed. 7 Las armas de que se vale el impostor son muy malignas; pues está siempre maquinando las tramas para perder con mentirosas palabras a los mansos o pobres afligidos, mientras el pobre habla y pide lo que es justo. 8 Pero el príncipe que yo os vaticino, pensará cosas dignas de un príncipe, y velará sobre los caudillos de su pueblo.

9 Mujeres opulentas, levantaos y escuchad mi voz; hijas que confiáis en las riquezas, prestad oídos a mis palabras. 10 Porque después de días y de año o años, vosotras que vivís tan confiadas os hallaréis en gran turbación, pues ya no habrá más vendimias en el país de Judá, ni más recolección de frutos. 11 Pasmaos, mujeres opulentas; temblad vosotras que estabais tan confiadas; desnudaos vuestras galas, confudíos, poneos haldas en cinta. 12 Llorad por los niños que criáis a vuestros pechos; llorad sobre vuestra amada patria, sobre vuestras fértiles viñas. 13 Espinas y abrojos cubrirán la tierra de mi pueblo: ¿cuánto más descargará el castigo sobre las casas todas de la ufana Jerusalén , de esa ciudad que rebosa en alegría? 14 Lo cierto es que la casa mía quedará abandonada, reducida a una soledad esa ciudad populosa, cubiertas para siempre de densísimas tinieblas sus casas, las cuales quedarán hechas cavernas, donde retozarán los asnos monteces y pastarán los ganados,

15 hasta tanto que desde lo alto se derrame sobre nosotros el espíritu del Señor. Pues entonces el desierto se convertirá en un Carmelo y el Carmelo en un desierto o carrascal. 16 Y la equidad o la virtud habitará entonces en el desierto y fijará su morada en el nuevo Carmelo la justicia o santidad. 17 Y la obra o fruto de la justicia será la paz, y el efecto de esta justicia el sosiego y seguridad sempiterna. 18 Y reposará mi pueblo en hermosa mansión de paz, y en tabernáculo de perfecta seguridad, y en el descanso de la opulencia. 19 Pero abajo en el desierto caerá el pedrisco, y la ciudad quedará profundamente humillada. 20 Bienaventurados vosotros los que sembráis en tierras que todas abundan en aguas, y metéis en ellas al buey y al asno para cultivarlas.
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