VERDADERAMENTE, Señor, conozco que tú eres justo, aunque yo ose pedirte la razón de algunas cosas. A pesar de eso yo te diré una queja mía al parecer justa: ¿por qué motivo a los impíos todo les sale prósperamente, y lo pasan bien todos los que prevarican y obran mal?

2 Tú los plantaste en el mundo, y ellos echaron hondas raíces; van medrando y fructifican. Te tienen mucho en sus labios, pero muy lejos de su corazón. 3 En cuanto a mí, ¡oh Señor!, tú me conoces bien, me has visto, y has experimentado qué tal es mi corazón para contigo. Reúnelos como rebaño para el sacrificio, y destínalos aparte para el día de la mortandad. 4 ¿Hasta cuándo ha de llorar la tierra y secarse la hierba en toda la región por la malicia de sus habitantes? Han perecido para ellos las bestias y las aves, porque dijeron: No verá el Señor nuestro fin.

5 Si tú, responde el Señor, corriendo con gente de a pie, te fatigaste, ¿cómo podrás apostarlas con los que van a caballo? Y si no has estado sin miedo en una tierra de paz, ¿qué harás en medio de la soberbia de los moradores del Jordán? 6 Y pues tus mismos hermanos y la casa de tu padre te han hecho guerra, y gritado altamente contra ti, no te fíes de ellos, aun cuando te hablen con amor.

7 Para castigarlos, dice el Señor, he desamparado mi casa o templo, he abandonado mi heredad, he entregado la que era las delicias de mi alma en manos de sus enemigos. 8 Mi heredad, mi pueblo escogido, se ha vuelto para mí como un león entre breñas; ha levantado la voz blasfemando contra mí; por eso la he aborrecido. 9 ¿Es acaso para mí la heredad mía alguna cosa exquisita, como ave de varios colores? ¿Es ella como el ave toda matizada de colores? Venid bestias todas de la tierra, corred a devorarla.

10 Muchos pastores han talado mi viña, han hollado mi heredad, han convertido mi deliciosa posesión en un puro desierto. 11 La asolaron, y ella vuelve hacia mí sus llorosos ojos; está horrorosamente desolada toda la tierra de Judá; porque no hay nadie que reflexione en su corazón. 12 Por todos los caminos del desierto han venido los salteadores; porque la espada del Señor ha de atravesar destrozando de un cabo a otro de la tierra, no habrá paz para ningún viviente. 13 Sembraron trigo, y segaron espinas; han adquirido una heredad, mas no les traerá provecho alguno; confundidos quedaréis, frustrada la esperanza de vuestros frutos por la tremenda ira del Señor.

14 Mas esto dice el Señor contra todos mis pésimos vecinos o naciones enemigas que se entremeten y usurpan la heredad que yo distribuí a mi pueblo de Israel. Sabed que yo los arrancaré a ellos de su tierra, y sacaré de en medio de ellos la casa de Judá. 15 Mas después que los haya extirpado, me aplacaré, y tendré misericordia de ellos, y los restableceré a cada cual en su heredad, a cada uno en su tierra. 16 Y si ellos, escarmentados, aprendieren la ley del pueblo mío, de manera que sus juramentos los hagan en mi nombre, diciendo: Vive el Señor; así como enseñaron ellos a mi pueblo a jurar por Baal, entonces yo los estableceré en medio de mi pueblo. 17 Pero si fueren indóciles, arrancaré de raíz aquella gente, y la exterminaré, dice el Señor.
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