ACERCÁNDOSE a Jerusalén , luego que llegaron a la vista de Befage, al pie del monte de los Olivos, despachó Jesús a dos discípulos,

2 diciéndoles: Id a esa aldea que se ve enfrente de vosotros, sin más diligencia encontraréis un asna atada, y su burrito con ella; desatadlos, y traédmelos. 3 Que si alguno os dijera algo, respondedle que los necesita el Señor; y al punto os los dejará llevar. 4 Todo esto sucedió en cumplimiento de lo que dijo el profeta: 5 Decid a la hija de Sión: Mira que viene a ti tu rey lleno de mansedumbre, sentado sobre un asna y su burrito, hijo de la que está acostumbrada al yugo.

6 Idos los discípulos, hicieron lo que Jesús les mandó; 7 y trajeron el asna y el pollino, y los aparejaron con sus vestidos, y le hicieron sentar encima. 8 Y una gran muchedumbre tendía por el camino sus vestidos; otros cortaban ramos u hojas de los árboles, y los ponían por donde había de pasar. 9 Y tanto las gentes que iban delante, como las que venían detrás, clamaban diciendo: ¡Hosanna, al Hijo de David! ¡Bendito sea el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en lo más alto de los cielos!

10 Cuando entró en Jerusalén , se conmovió toda la ciudad, diciendo muchos: ¿Quién es éste?

11 A lo que respondían las gentes: Este es Jesús , el profeta de Nazaret de Galilea.

12 Habiendo entrado Jesús en el templo de Dios, echó fuera de él a todos los que vendían allí y compraban, y derribó las mesas de los banqueros o cambiantes, y las sillas de los que vendían las palomas para los sacrificios.

13 Y les dijo: Escrito está: Mi casa será llamada casa de oración; mas vosotros la tenéis hecha una cueva de ladrones.

14 Al mismo tiempo se acercaron a él en el templo varios ciegos y cojos y los curó. 15 Pero los príncipes de los sacerdotes y los escribas, al ver las maravillas que hacía, y los niños que le aclamaban en el templo, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David!, se indignaron, 16 y le dijeron: ¡Oyes tú lo que dicen éstos? Jesús les respondió: Sí, por cierto; pues ¿no habéis leído jamás la profecía: De la boca de los infantes y niños de pecho es de donde sacaste la más perfecta alabanza?

17 Y dejándolos, salió fuera de la ciudad a Betania, y se quedó allí.

18 La mañana siguiente, volviendo a la ciudad, tuvo hambre. 19 Y viendo una higuera junto al camino, se acercó a ella; en la cual, no hallando sino solamente hojas, le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto; y la higuera quedó luego seca.

20 Lo que viendo los discípulos, se maravillaron y decían: ¿Cómo se ha secado en un instante?

21 Y respondiendo Jesús , les dijo: En verdad os digo que si tenéis fe y no andáis vacilando, no solamente haréis esto de la higuera, sino que aun cuando digáis a ese monte: Arráncate y arrójate al mar, así lo hará;

22 y todo cuanto pidiereis en la oración, como tengáis fe, lo alcanzaréis.

23 Llegado al templo, se acercaron a él, cuando estaba ya enseñando, los príncipes de los sacerdotes y los ancianos o senadores del pueblo, y le preguntaron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te ha dado tal potestad?

24 Les respondió Jesús : Yo también quiero haceros una pregunta, y si me respondéis a ella, os diré luego con qué autoridad hago estas cosas. 25 El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres? Mas ellos discurrían para consigo, diciendo: 26 Si respondemos del cielo, nos dirá: ¿Pues por qué no habéis creído en él? Si respondemos de los hombres, tenemos que temer al pueblo (porque todos miraban a Juan como un profeta).

27 Por tanto, contestaron a Jesús , diciendo: No lo sabemos: Les replicó él en seguida: Pues yo tampoco os diré a vosotros con qué autoridad hago estas cosas. 28 ¿Y qué os parece lo que voy a decir? Un hombre tenía dos hijos, y llamando al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña; 29 y él respondió: No quiero. Pero después, arrepentido, fue. 30 Llamando al segundo, le dijo lo mismo, y aunque él respondió: Voy, Señor, no fue. 31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? El primero, dijeron ellos. Y Jesús prosiguió: En verdad os digo que los publicanos y las rameras os precederán y entrarán en el reino de Dios: 32 por cuanto vino Juan a vosotros por las sendas de la justicia, y no le creísteis; al mismo tiempo que los publicanos y las rameras le creyeron. Mas vosotros ni con ver esto os movisteis después a penitencia para creer en él.

33 Escuchad otra parábola. Erase un padre de familia que plantó una viña y la cercó de vallado; y cavando hizo en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó después a ciertos labradores, y se ausentó a un país lejano.

34 Venida ya la sazón de los frutos, envió sus criados a los renteros para que percibiesen el fruto de ella. 35 Mas los renteros, acometiendo a los criados, apalearon al uno, mataron al otro, y al otro le apedrearon. 36 Por segunda vez envió nuevos criados en mayor número que los primeros, y los trataron de la misma manera. 37 Por último les envió a su hijo, diciendo para consigo: A mi hijo, por lo menos, le respetarán. 38 Pero los renteros, al ver al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y nos alzaremos con su herencia.

39 Y agarrándole le echaron fuera de la viña, y le mataron. 40 Ahora bien, volviendo el dueño de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? 41 Hará, dijeron ellos, que esta gente tan mala perezca miserablemente, y arrendará su viña a otros labradores que le paguen los frutos a sus tiempos. 42 ¿Pues no habéis jamás leído en las Escrituras, les añadió Jesús : La piedra que desecharon los fabricantes, esa misma vino a ser la clave del ángulo? El Señor es el que ha hecho esto en nuestros días, y es una cosa admirable a nuestros ojos.

43 Por lo cual os digo que os será quitado a vosotros el reino de Dios, y dado a gentes que rindan frutos de buenas obras. 44 Ello es, que quien se escandalizare o cayere sobre esta piedra, se hará pedazos; y ella hará añicos a aquel sobre quien cayere el día del juicio. 45 Oídas estas parábolas de Jesús , los príncipes de los sacerdotes y los fariseos entendieron que hablaba por ellos; 46 y queriendo prenderle, tuvieron miedo al pueblo; porque era mirado como un profeta.
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