ENTONCES Elifaz de Temán, tomando la palabra dijo: 2 ¿Es posible que un hombre sabio respondiese como tú, echando palabras al aire, y encendiendo el fuego de la ira en su pecho? 3 Tú, con tus palabras, arguyes al Señor, que no es ningún igual tuyo, y hablas de un modo que no puede serte provechoso. 4 Cuanto es de tu parte has desterrado el temor de Dios; y las oraciones que deben hacérsele. 5 Porque la iniquidad tuya ha dirigido tu lengua, y vas imitando el habla de los blasfemos. 6 De suerte que serán tus propias palabras, y no yo, las que te condenarán; y por aquello mismo que han proferido tus labios, serás condenado.

7 ¿Naciste tú por ventura el primer hombre del mundo, y fuiste formado antes que los montes? 8 ¿Has entrado acaso en el consejo de Dios, o será inferior a la tuya su infinita sabiduría? 9 ¿Qué es lo que sabes tú que nosotros ignoremos? ¿Qué alcanzas que no sepamos? 10 También hay entre nosotros hombres de mucha edad y ancianos respetables, mucho más avanzados en días que tus padres.

11 ¿Acaso sería difícil a Dios consolarte? Pero lo estorban tus perversas palabras. 12 ¿Por qué se engríe tu corazón, y como hombre que atónito medita grandes cosas tienes fijos los ojos? 13 ¿Por qué tu ánimo está hinchado contra Dios, hasta proferir tu boca tales expresiones? 14 ¿Qué es el miserable hombre para que pueda ser inmaculado; y cómo, siendo nacido de mujer, ha de aparecer justo? 15 Mira cómo ni aun entre sus mismos santos ninguno es acá inmutable, y ni los cielos están limpios a sus ojos.

16 ¿Cuánto más un hombre inútil y abominable, que se bebe como agua la maldad?

17 Oyeme, pues, yo te convenceré; te contaré aquello que he visto. 18 Los sabios publican lo que saben y no ocultan lo que han aprendido de sus padres o mayores. 19 A los cuales solos fue dada esta tierra, y nunca los extranjeros hallaron paso por medio de ellos.

20 Al impío toda su vida le acompaña y engríe la soberbia, aunque sea tan incierto el número de años que durará su tiranía. 21 Siempre suena en sus oídos un estruendo que le aterra; y en el seno de la paz él sospecha siempre traiciones. 22 Cuando está entre las tinieblas de la noche, no cree que pueda volver a ver la luz, imaginándose rodeado de espadas. 23 Si se mueve para buscar alimento, cree que el negro día de la muerte está en el bocado que tiene en su mano. 24 El temor de la tribulación le llena de terror, y desastres imaginarios le rodean y desasosiegan, como a un rey que se dispone a dar una batalla. 25 Y es que alzó su mano contra Dios, y se creyó bastante fuerte contra el Todopoderoso. 26 Corrió contra él erguido el cuello y armado de inflexible soberbia. 27 Tiene llena de gordura su cara, y rebosa la grasa en sus costados.

28 Vino a morar en ciudades asoladas y casas desiertas, que estaban reducidas a montones de piedras. 29 No se enriquecerá, y aun los bienes que tenga no durarán; ni echará raíces en la tierra. 30 Estará siempre en tinieblas; sus descendientes serán consumidos por el fuego; y perecerá con el aliento solo de la boca del Todopoderoso. 31 Engañado de un vano error, no creerá que pueda ser redimido por ningún rescate. 32 Antes que llegue el término de sus días morirá, y se secarán sus manos. 33 Le sucederá lo que a la vid, cuyos racimos se pierden estando en cierne; y como al olivo, cuya flor cae en tierra. 34 Porque la familia del hipócrita será estéril y el fuego devorará la morada de aquellos que se dejan ganar por regalos. 35 Concibió penas y parió maldades, y su corazón está urdiendo fraudes.

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