OÍD, hijos míos, las instrucciones de un padre, y estad atentos para aprender la prudencia. 2 Yo quiero daros un rico don, no abandonéis mis preceptos. 3 Porque también yo fui un hijo querido de mi padre, y amado tiernamente, como único de mi madre, 4 y él, instruyéndome, me decía: Reciba tu corazón mis palabras, observa mis preceptos, y vivirás feliz. 5 Procura adquirir la sabiduría, veas de alcanzar la prudencia, y no te olvides ni apartes las palabras de mi boca. 6 No abandones la sabiduría, porque ella será tu protectora: ámala y ella será tu salvación. 7 El principio de la sabiduría es trabajar por adquirirla. Y así, a costa de cuanto posees, procura adquirir la prudencia; 8 aplica todos tus esfuerzos para alcanzarla; y ella te ensalzará; te llenará de gloria cuando la estreches en tus brazos. 9 Añadirá adornos graciosos a tu cabeza, y ceñirá tus sienes con esclarecida diadema.

10 ¡Oh hijo mío!, escucha y recibe mis documentos, para que logres muchos años de vida. 11 Yo te mostraré el camino de la sabiduría, te guiaré por la senda de la justicia; 12 y entrado que hayas en ella, no se verán tus pies en estrechuras, ni hallarás tropiezo alguno en su carrera. 13 Mantente adicto a la instrucción: nunca la abandones; guárdala bien, pues ella es tu vida. 14 No te aficiones a los caminos de los impíos; ni te agrade la senda de los malvados; 15 húyela, no pongas el pie en ella; desvíate y abandónala. 16 Porque los impíos no duermen, si antes no han hecho algún mal; y si primero no han causado la ruina de alguno, no pueden conciliar el sueño. 17 Como de pan se alimentan de la impiedad, y beben como vino la injusticia. 18 La senda de los justos es como una luz brillante, que va en aumento y crece hasta el mediodía. 19 Al contrario, el camino de los impíos está lleno de tinieblas; no advierten el precipicio en que van a caer.

20 Escucha, hijo mío, mis razonamientos, y atiende mis palabras. 21 Jamás las pierdas de vista, deposítalas en lo íntimo de tu corazón; 22 porque son vida para quienes la reciben, y salud o medicina para todo hombre. 23 Guarda tu corazón con toda vigilancia, porque de él mana la vida. 24 Arroja de tu lengua la malignidad; y lejos esté de tus labios la detracción. 25 Dirige siempre tus ojos rectamente, y que se adelante tu vista a los pasos que des. 26 Examina la senda en que pones tus pies, y serán firmes todos tus pasos. 27 No tuerzas ni a la diestra ni a la siniestra; retira tu pie de todo mal paso; porque ama el Señor los caminos que están a la derecha; pero los que caen a la siniestra son caminos de perdición. Mas él hará que sea recto tu camino, y que avances felizmente en tu viaje.
Pater
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