DESDE joven hice pacto con mis ojos de no mirar, ni siquiera pensar con mal fin en una virgen. 2 Porque de otra suerte, ¿qué comunicación tendría conmigo desde arriba Dios, ni qué parte me daría el Todopoderoso de su celestial herencia? 3 Pues qué, ¿acaso no está establecida la perdición para los malvados, y el desheredamiento para los que cometen el pecado? 4 ¿No es así que está el Señor observando mis caminos, y contando todos mis pasos?

5 Si creéis que he seguido el camino de la vanidad, y que han corrido mis pies a urdir fraudes contra el prójimo, 6 péseme Dios en su justa balanza; y él dará a conocer mi sencillez. 7 Si desvié mis pasos del camino recto, y si mi corazón se fue tras de mis ojos, y se apegó alguna mancha a mis manos, 8 siembre yo, y cómase otro el fruto y sea desarraigado mi linaje. 9 Si mi corazón se dejó seducir del amor de mujer, y si anduve acechando a la puerta de mi amigo, 10 sea mi mujer manceba de otro, y sirva a otros de prostituta. 11 Porque es el adulterio un crimen enorme, y una iniquidad e injusticia horrenda. 12 Es un fuego que consume hasta el exterminio, y que desarraiga todos los retoños.

13 Si me desdeñé de entrar en juicio con mi siervo y con mi sierva, cuanto tenían que pedirme alguna cosa en justicia, 14 ¿qué será de mí cuando Dios haya de venir a juzgar? ¿Y qué podré responderle cuando me pregunte? 15 ¿Acaso el que me creó a mí en las entrañas de mi madre, no es el mismo Dios que le ha creado a él? ¿No fue él el que nos formó a ambos en el seno materno? 16 Si negué a los hombres lo que pedían; si burlé jamás la esperanza de la viuda; 17 si comí solo mi bocado, y no comió también de él el huérfano 18 (pues desde la infancia creció conmigo la misericordia, habiendo salido conmigo del vientre de mi madre); 19 si no hice caso del que iba a perecer de frío por no tener ropa, ni del pobre que estaba desnudo; 20 si no me llenaron de bendiciones los miembros de su cuerpo, al verse abrigados con la lana de mis ovejas; 21 si alcé mi mano contra el huérfano, aun viéndome superior en el tribunal, 22 despréndase mi hombro de su coyuntura, y quiébrese mi brazo con todos sus huesos. 23 Porque yo siempre temí a Dios, considerando su enojo como olas hinchadas contra mí, y nunca puede soportar el peso de su majestad.

24 Si yo creí que consistiese en el oro mi poder, y si dije al oro más acendrado: En ti pongo mi confianza; 25 si puse mi consuelo en mis grandes riquezas, y en los muchos bienes que adquirieron mis manos; 26 si mirando al sol cuando brillante nacía, o la luna en su mayor claridad, 27 se regocijó interiormente mi corazón, y apliqué mi mano a la boca, 28 lo cual es un delito grandísimo, y un renegar del altísimo Dios; 29 si me holgué de la ruina del que me aborrecía, y celebré con aplauso el mal que le vino, castígueme Dios. 30 Mas no fue así; porque no permití que mi lengua pecase, demandando con maldiciones su muerte. 31 ¿Y las gentes de mi casa, no llegaron a prorrumpir: Quién nos diera que pudiésemos saciarnos de sus carnes? 32 Jamás el peregrino se quedó al descubierto; siempre estuvo mi puerta abierta al pasajero.

33 Si, como suelen hacer los hombres, encubrí mi pecado, y oculté en mi pecho mi maldad; 34 si me intimidó el mucho gentío, o me atemorizó el desprecio de los parientes, y no más bien callé y sufrí, y me estuve quieto en mi casa, sea yo castigado de Dios. 35 ¡Oh, quién me diera uno que desapasionadamente me oyese y que el Todopoderoso otorgase mi petición, y escribiese el proceso el mismo que juzga, 36 para que yo pudiese llevarla sobre mis hombros, y ceñírmela como una diadema! 37 A cada paso mío le iría recitando y se le presentaría a Dios como a mi príncipe. 38 Finalmente, si la tierra que poseo clama contra mí, y los surcos se lamentan con ella; 39 si he comido sus frutos sin pagar el precio, y he apremiado las personas de los cultivadores, 40 me nazcan abrojos en vez de trigo, y espinas en lugar de cebada.
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