ESTA es la bendición que Moisés, varón de Dios, dio antes de su muerte a los hijos de Is-rael. 2 Dijo así: De Sinaí vino el Señor, y de Seir nos esclareció; resplandeció desde el monte Farán, y con él millares de santos. En su mano derecha traía la ley que nos dio desde en medio del fuego. 3 El Señor amó a los pueblos: bajo su mano protectora están todos los santos, y aquellos que se sientan a sus pies, recibirán sus instrucciones y doctrinas.

4 Moisés nos dio la ley, la cual será la herencia de la numerosa posteridad de Jacob . 5 Ella será el rey que mandará en su recto o amado pueblo; estando los príncipes del pueblo unidos con las tribus de Israel.

6 Viva Rubén y no muera, mas sea pequeño en número.

7 He aquí la bendición de Judá: Escucha, ¡oh Señor!, la voz de Judá, y dale entre su pueblo la parte que le has destinado: sus manos pelearán por Israel y serás su protector contra los enemigos.

8 Dijo después a Leví: Tu perfección, Señor, y tu doctrina fue concedida a tu varón santo, a quien probaste en la tentación y juzgaste en las aguas de la Contradicción. 9 Aquellos que dijeron a su padre y a su madre: No os conozco; y a sus hermanos: No sé quién sois; y ni a sus propios hijos perdonaron, éstos cumplieron tus mandamientos y guardaron inviolable tu pacto.

10 Estos enseñarán tus derechos a Jacob y tu ley a Israel; y cuando estés irritado, te ofrecerán incienso y holocaustos sobre tu altar. 11 Bendice, oh Señor, su fortaleza y acepta las obras de sus manos. Hiere las espaldas de sus enemigos; y no levanten cabeza los que lo aborrecen.

12 Y de Benjamín dijo: Benjamín el muy amado del Señor, estará cerca de él con confianza; allí morará siempre como en cámara nupcial y reposará en sus brazos.

13 Dijo también a José: Sea la tierra de José bendita del Señor, colmada de frutos y bendiciones del cielo, del rocío y de los manantiales que brotan de debajo de la tierra; 14 de los frutos que son producciones del sol y de la luna; 15 de los que crecen en la cumbre de los montes antiguos y sobre los antiquísimos collados; 16 de todos los frutos de la tierra y de toda la riqueza de ella. La bendición de aquel que se apareció en la zarza, venga sobre la cabeza de José, sobre la coronilla de la cabeza del nazareo o consagrado al Señor entre sus hermanos.

17 Es cual la del toro primerizo su gallardía; como las del rinoceronte son sus astas; con ellas volteará las gentes hasta los fines de la tierra: tal será la gloria de la numerosa tribu de Efraín: y tal la de los millares de hijos de la de Manasés.

18 A Zabulón le dijo: Regocíjate, ¡oh Zabulón!, en tu tráfico por el mar; como tú, Isacar, en la quietud de tu casa. 19 Tus hijos exhortarán los pueblos a ir al monte santo del Señor, donde le inmolarán víctimas de justicia. Chuparán como leche las riquezas de la mar y los tesoros que esconden sus arenas.

20 Dijo también a Gad: Bendito sea Gad en su expansión o ancho territorio: se echó a descansar como un león, arrebató de una vez brazo y cabeza. 21 Y reconoció su prerrogativa en que Moisés el doctor de Israel debía ser depositado en su porción o herencia. El fue con los príncipes del pueblo a la conquista de Canaán, y cumplió los mandatos del Señor y su obligación con Israel.

22 Asimismo dijo a Dan: Dan como un joven león correrá en busca de presa desde Basán y se extenderá mucho.

23 Y a Neftalí le dijo: Neftalí gozará de todo en abundancia: será colmado de las bendiciones del Señor; poseerá el mar de Genezaret, y el país hacia el mediodía.

24 Dijo también a Aser: Bendito sea en su prole. Será agradable a sus hermanos: y bañará en aceite sus pies. 25 De hierro y cobre será su calzado. Como en los días de tu juventud, así serás fuerte en los de tu vejez.

26 No hay otro Dios como el Dios del rectísimo o muy amado Israel. El que está sentado sobre los cielos es tu protector. Su gran poder es el que hace correr las nubes de una parte a otra. 27 Arriba en lo más alto de los cielos está su morada y llegan acá abajo sus brazos o poder eterno. Arrojará de tu presencia al enemigo, y le dirá: Quédate reducido a polvo. 28 Con esto Israel estará en su país seguro y separado. Tiende, ¡oh Jacob !, la vista por tu tierra abundante de trigo y de vino: el rocío caerá con tanta abundancia, que se oscurecerá el cielo.

29 Bienaventurado eres, ¡oh Israel! ¿Quién hay semejante a ti, ¡oh pueblo afortunado!, que hallas tu salud en el Señor? El es el escudo que te cubre y defiende, y la espada que te llena de gloria. Tus enemigos rehusarán reconocerte; pero tú los sojuzgarás y pondrás el pie sobre su cuello.
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Son
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