MAS viendo el pueblo que Moisés tardaba en bajar del monte, levantándose contra Aarón, dijo: Ea, haznos dioses que nos guíen, ya que no sabemos qué ha sido de Moisés, de ese hombre que nos sacó de la tierra de Egipto.

2 Les respondió Aarón: Tomad los pendientes de oro de las orejas de vuestras mujeres y de vuestros hijos e hijas, y traédmelos. 3 E hizo el pueblo lo que había ordenado, trayendo los pendientes a Aarón. 4 El cual, habiéndolos recibido, los hizo fundir y vaciar en un molde, y formó de ellos un becerro de oro. Dijeron entonces los israelitas: Estos son tus dioses, ¡oh Israel!, que te han sacado de la tierra de Egipto.

5 Lo que visto por Aarón, edificó un altar delante del becerro, y mandó publicar a voz de pregonero, diciendo: Mañana es la gran fiesta del Señor. 6 Y levantándose de mañana, sacrificaron holocaustos y hostias pacíficas; y el pueblo todo se sentó a comer y beber, y se levantaron después a divertirse en honor del becerro.

7 Y el Señor habló a Moisés, diciendo: Anda, baja; pecado ha tu pueblo, que sacaste de la tierra de Egipto.

8 Pronto se han desviado del camino que les enseñaste; se han formado un becerro de fundición y adorándole; y sacrificándole víctimas, han dicho: Estos son tus dioses, ¡oh Israel!, que te han sacado de la tierra de Egipto.

9 Y añadió el Señor a Moisés: Veo que ese pueblo es de dura cerviz.

10 Déjame desahogar mi indignación contra ellos, y acabarlos; que yo te haré a ti caudillo de una nación grande. 11 Moisés rogaba al Señor Dios suyo, diciendo: ¿Por qué, oh Señor, se enardece así tu furor contra el pueblo tuyo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con fortaleza grande y mano poderosa?

12 ¡Ah! que no digan, te ruego, jamás los egipcios: Los saco maliciosamente fuera de Egipto para matarlos en los montes y exterminarlos de la tierra. Apláquese tu ira, y perdona la maldad de tu pueblo. 13 Acuérdate de Abrahán, de Isaac y de Israel, tus siervos, a los cuales por ti mismo juraste, diciendo: Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y toda esta tierra de que os tengo hablado, se la daré a vuestra posteridad, y la poseeréis para siempre.

14 Con esto se aplacó el Señor, y dejó de ejecutar contra su pueblo el castigo que había dicho.

15 Entonces Moisés bajó del monte, trayendo en su mano las dos tablas de la ley, escritas por ambas partes,

16 y labradas por Dios; así como era también de la mano de Dios la letra grabada en ellas, 17 Mas oyendo Josué el tumulto del pueblo que voceaba, dijo a Moisés: Alaridos de guerra se oyen en los campamentos. 18 Respondió él: No es gritería de gentes que se exhorten al combate, ni vocería de los que fuerzan a otros a la fuga; lo que oigo yo es alabanza de gentes que cantan. 19 Y habiéndose acercado ya al campamento vio el becerro y las danzas; e irritado sobremanera, arrojó de la mano las tablas, y las hizo pedazos a la falda del monte; 20 y arrebatando el becerro que habían hecho, le arrojó al fuego, y le redujo después a polvos, los cuales esparció sobre las aguas, y se los dio a beber a los hijos de Israel.

21 Dijo después a Aarón: ¿Qué es lo que te ha hecho este pueblo, para que acarrearas sobre él tan enorme pecado? 22 No se enoje mi Señor, respondió Aarón, tú conoces bien a este pueblo, y sabes cuán inclinado es al mal.

23 Me dijeron: Haznos dioses que nos guíen; pues aquel Moisés, que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué es lo que le ha sucedido. 24 Les respondí yo: ¿Quién de vosotros tiene oro? Le trajeron, y me lo dieron; lo eché en el fuego, y salió de él ese becerro.

25 Viendo, pues, Moisés que el pueblo estaba despojado, (desde que Aarón le había puesto tal con la asquerosa abominación del ídolo, y dejádole desnudo o desarmado en medio de los enemigos), 26 poniéndose a la puerta del campamento, dijo: El que sea del Señor, júntese conmigo. Se le reunieron luego todos los hijos de Leví, 27 a los cuales dijo: Esto dice el Señor Dios de Israel: Ponga cada cual la espada a su lado; pasad y traspasad por medio del campamento desde una a otra puerta, y cada uno mate aunque sea al hermano, y al amigo, y al vecino.

28 Ejecutaron los levitas la orden de Moisés; y perecieron en aquel día como unos veintitrés mil hombres.

29 Y Moisés les dijo: Hoy habéis consagrado vuestas manos al Señor, matando cada uno con santo celo, aun al propio hijo y al hermano; por lo que seréis benditos.

30 Al día siguiente dijo Moisés al pueblo: Habéis cometido un pecado enorme; subiré al Señor, a ver si puedo inclinarle de algún modo a que se apiade de vosotros. 31 Y habiendo vuelto al Señor, dijo: Dígnate escucharme, oh Señor: Este pueblo ha cometido un pecado gravísimo; se ha fabricado dioses de oro, Señor, oh perdónales esta culpa, 32 o si no lo haces, bórrame del libro tuyo en que me tienes escrito. 33 Le respondió el Señor: Al que pecare contra mí, a ése borraré yo de mi libro. 34 Mas tú ve, y conduce a ese pueblo donde te tengo dicho. Mi ángel irá delante de ti. Si bien yo en el día de la venganza castigaré todavía este pecado que han cometido.

35 En efecto, el Señor castigó al pueblo por el crimen del becerro que Aarón les hizo.
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