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MÁS vale la sabiduría que las fuerzas; y el varón prudente más que el valeroso.


2 Escuchad, pues, oh reyes, y estad atentos; aprended vosotros, oh jueces todos de la tierra: 3 Dad oídos a mis palabras, vosotros que tenéis el gobierno de los pueblos, y os gloriáis del vasallaje de muchas naciones. 4 Porque la potestad os la ha dado el Señor; del Altísimo tenéis esa fuerza, el cual examinará vuestras obras, y escudriñará hasta los pensamientos.


5 Porque siendo vosotros unos ministros de su reino universal, no juzgasteis con rectitud, ni observasteis la ley de la justicia, ni procedisteis conforme a la voluntad de Dios. 6 El se dejará ver, o caerá sobre vosotros espantosa y repentinamente; pues aquellos que ejercen potestad sobre otros, serán juzgados con extremo rigor. 7 Porque con los pequeños se usará de compasión, mas los grandes sufrirán grandes tormentos. 8 Que no exceptuará Dios persona alguna, ni respetará la grandeza de nadie; pues al pequeño y al grande él mismo los hizo y de todos cuida igualmente,


9 si bien a los más grandes amenaza mayor suplicio. 10 Por tanto a vosotros, oh reyes, se dirigen estas mis palabras; a fin de que aprendáis la sabiduría y no vengáis a resbalar. 11 Porque los que hayan hecho rectamente obras justas, serán justificados; y los que hayan aprendido estas cosas que enseño, hallarán con qué defenderse. 12 Por consiguiente, codiciad mis documentos, amadlos y seréis instruidos.
13 Porque luminosa e inmarcesible es la sabiduría; y se deja ver fácilmente de los que la aman, y hallar de los que la buscan. 14 Se anticipa a aquellos que la codician, poniéndoseles delante ella misma. 15 Quien madrugare en busca de ella, no tendrá que fatigarse; pues la hallará sentada en su misma puerta. 16 El tener, pues, el pensamiento ocupado en la sabiduría es prudencia consumada; y el que por amor de ella velare, bien pronto estará en reposo. 17 Porque ella misma va por todas partes buscando a los que son dignos de poseerla; y por los caminos se les presenta con agrado, y en todas ocasiones y asuntos la tienen al lado. 18 El principio de la sabiduría es un deseo sincerísimo de la instrucción. 19 Procurar instruirse es amar la sabiduría; amarla es guardar sus leyes; y la guarda de estas leyes es la perfecta pureza del alma; 20 la perfecta pureza une con Dios; 21 luego el deseo de la sabiduría conduce al reino eterno. 22 Ahora bien, ¡oh reyes de los pueblos!, si os complacéis en los tronos y cetros, amad la sabiduría a fin de reinar perpetuamente. 23 Amad la luz de la sabiduría todos los que estáis al frente de los pueblos, 24 que yo os declararé qué cosa es la sabiduría, y cómo fue engendrada; y no os ocultaré los misterios de Dios; sino que subiré investigando hasta su primer origen, y pondré en claro su conocimiento, sin ocultar un ápice de la verdad.
25 No me acompañaré por cierto con el que se pudre de envidia; pues el envidioso no será jamás participante de la sabiduría. 26 Los varones sabios son la felicidad del mundo; y un rey sabio es firme sostén del pueblo. 27 Recibid, pues, la instrucción por medio de mis palabras, porque os será provechosa.

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Atlas