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DIJERON, pues, los impíos entre sí, discurriendo sin juicio: Corto y lleno de tedio es el tiempo de nuestra vida; no hay consuelo en el fin del hombre o después de su muerte, ni se ha conocido nadie que haya vuelto de los infiernos o del otro mundo.


2 Pues nacido hemos de la nada, y pasado lo presente, seremos como si nunca hubiésemos sido. La respiración o resuello de nuestras narices es como un ligero humo; y el habla o el alma como una transitoria chispa, con la cual se mueve nuestro corazón. 3 Apagada que sea, quedará nuestro cuerpo reducido a ceniza; y el espíritu se disipará, cual sutil aire; se desvanecerá ha, como una nube que pasa, nuestra vida; y desaparecerá como niebla herida de los rayos del sol, y disuelta con su calor. 4 Caerá en olvido con el tiempo nuestro nombre, sin que quede memoria de nuestras obras. 5 Porque el tiempo de nuestra vida es una sombra que pasa, y no hay retorno después de la muerte; porque queda puesto el sello, y nadie vuelve atrás.


6 Venid, pues, y gocemos de los bienes presentes; y apresurémonos a disfrutar de las criaturas mientras somos jóvenes.


7 Llenémonos de vinos exquisitos, y de olorosos perfumes, y no dejemos pasar la flor de la edad. 8 Coronémonos de rosas antes que se marchiten; no haya prado donde no dejemos las huellas de nuestra intemperancia. 9 Ninguno de nosotros deje de tomar parte de nuestras diversiones; dejemos por todas partes vestigios de nuestro regocijo, ya que nuestra herencia es ésta, y así es nuestra suerte. 10 Oprimamos al justo desvalido, no perdonemos a la viuda, ni respetemos las canas del anciano de muchos días. 11 Sea nuestra fuerza la única ley de justicia; pues lo flaco, según se ve, de nada sirve. 12 Armemos, pues, lazos al justo, visto que no es de provecho para nosotros, y que es contrario a nuestras obras, y nos echa en cara los pecados contra la ley, y nos desacredita divulgando nuestra depravada conducta.
13 Protesta tener la ciencia de Dios, y se llama a sí mismo hijo de Dios.


14 Se ha hecho el censor de nuestros pensamientos. 15 No podemos sufrir ni aun su vista; porque no se asemeja su vida a la de los otros, y sigue una conducta muy diferente. 16 Nos mira como a gente frívola y ridícula, se abstiene de nuestros usos como de inmundicias, prefiere lo que esperan los justos en la muerte; y se gloría de tener a Dios por padre. 17 Veamos ahora si sus palabras son verdaderas; experimentemos lo que le acontecerá, y veremos cuál será su paradero. 18 Que si es verdaderamente hijo de Dios, Dios lo tomará a su cargo, y lo librará de las manos de sus adversarios.


19 Examinémoslo a fuerza de afrentas y de tormentos, para conocer su resignación y probar su paciencia. 20 Condenémosle a la más infame muerte; pues según sus palabras será él atendido.


21 Estas cosas idearon los impíos, y tanto desatinaron, cegados de su propia malicia. 22 Y no entendieron los misterios de Dios, ni creyeron que hubiese galardón para el justo, ni hicieron caso de la gloria reservada a las almas santas. 23 Porque Dios creó inmortal al hombre, y lo formó a su imagen y semejanza;


24 mas por la envidia del diablo, entró la muerte al mundo.


25 E imitan al diablo los que son de su bando.

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Ilustración
Atlas