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¡OH cuán benigno y suave es, oh Señor, tu espíritu en todas las cosas! 2 De aquí es que a los que andan perdidos, tú los castigas poco a poco; y los amonestas y les hablas de las faltas que cometen, para que dejada la malicia crean en ti, ¡oh Señor! 3 Porque tú miraste con horror a los antiguos moradores de tu tierra santa;


4 pues hacían obras detestables a tus ojos con hechiceras y sacrificios impíos, 5 matando sin piedad a sus propios hijos, y comiendo las entrañas humanas, y bebiendo la sangre en medio de tu sagrada tierra contra tu santo precepto. 6 A éstos, que eran a un mismo tiempo padres y parricidas de aquellas criaturas abandonadas, los quisiste hacer perecer por medio de nuestros padres; 7 a fin de que la tierra, de ti la más amada de todas, recibiese la digna colonia de hijos de Dios. 8 Mas aún a estos malvados, por ser hombres, les tuviste alguna compasión, y les enviaste avispas, a manera de batidores de tu ejército, para que los exterminasen poco a poco. 9 No porque no pudieses someter a mano armada a los impíos a los justos, o exterminarlos de una vez por medio de bestias feroces, o con solo una severa palabra tuya; 10 sino que castigándolos poco a poco, dabas lugar a la penitencia; aunque no ignorabas cuán malvada es su casta y congénita su malicia y que no se mudarían jamás sus corrompidas ideas.


11 Pues venían ellos de una raza maldita ya desde el principio ; y sin que fuese por temer tú a nadie, les dabas treguas en sus pecados. 12 Porque quién te dirá a ti: ¿Por qué has hecho eso?, ¿o quién se opondrá a tus juicios?, ¿o quién se presentará ante ti para defender a hombres malvados?, ¿o quién te hará cargos por haber exterminado las naciones que tú creaste?
13 Porque no hay otro Dios sino tú; que de todas las cosas tienes cuidado, para demostrar que no hay injusticia alguna en tus juicios o disposiciones.


14 No hay ni rey, ni príncipe que pueda pedirte cuenta de aquellos que tú has hecho perecer. 15 Siendo como eres justo, dispones, ¡oh Señor!, todas las cosas justamente; y crees ajeno de tu poder condenar a aquel que no merece ser castigado. 16 Pues tu poder es el principio o fuente de la justicia; y por lo mismo que eres el Señor de todas las cosas, eres con todos indulgente. 17 Muestras tu infinito poder cuando no te creen soberanamente poderoso, y entonces confundes la audacia de aquellos que no te reconocen. 18 Pero como tú eres el soberano Señor de todo, juzgas sin pasión, y nos gobiernas con moderación suma; teniendo siempre en tu mano usar el poder cuando quisieres. 19 Por esta tu conducta has enseñado a tu pueblo que el justo debe también ser humano, y has dado a tus hijos buenas esperanzas, viendo que cuando los juzgas por sus pecados dejas lugar a la penitencia. 20 Pues si a los enemigos de tus siervos, ya reos de muerte, los castigaste con tanto miramiento, dándoles tiempo y comodidad para que se arrepintiesen de su malicia, 21 ¿con cuánto cuidado juzgarás a tus hijos, a cuyos padres hiciste con juramentos y pactos grandes promesas? 22 Así es que cuando a nosotros nos das alguna corrección, a nuestros enemigos los castigas de mil maneras; para que reflexionando consideremos tu bondad, y cuando nos haces experimentar tu justicia, esperemos en tu misericordia. 23 Por la misma razón a esos otros, que vivieron como insensatos e injustos, les hiciste sufrir horribles tormentos por medio de aquellas mismas cosas que adoraban. 24 Ello es que anduvieron largo tiempo extraviados por la senda del error, creyendo dioses a las criaturas más viles entre los animales, y viviendo como niños, sin ningun juicio.


25 Por lo mismo les diste tú un castigo a manera de escarnio, como a muchachos irreflexivos. 26 Mas los que no se corrigieron con estos escarnios y reprensiones, vinieron a experimentar un castigo digno del poder de Dios. 27 Porque irritados de lo que padecían, y viéndose atormentados por las mismas cosas que creían dioses, y que ellas eran su ruina, reconocieron ser el verdadero Dios aquel a quien en otro tiempo negaban conocer; pero no dejaron la impiedad. Por lo cual descargó al cabo sobre ellos la condenación final.

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Ilustración
Atlas