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ENTONCES Tobías llamó aparte a su hijo, y le dijo: ¿Qué podemos dar a este varón santo que te ha acompañado? 2 A lo que respondiendo Tobías, dijo a su padre: Padre mío, ¿qué recompensa le daremos? ¿O cómo podremos corresponder dignamente a sus beneficios? 3 El me ha llevado y traído sano y salvo; él mismo en persona cobró el dinero de Gabelo; él me ha proporcionado esposa, y ahuyentó de ella al demonio, llenando de consuelo a sus padres; asimismo me libró del pez que me iba a tragar; te ha hecho ver a ti la luz del cielo; y hemos sido colmados por medio de él de toda suerte de bienes. ¿Qué podremos, pues, darle que sea proporcionado a tantos favores? 4 Mas yo te pido, padre mío, que le ruegues si por ventura se dignara tomar para sí la mitad de todo lo que hemos traído. 5 Con esto, padre e hijo le llamaron aparte, y empezaron a rogarle que se dignase aceptar la mitad de todo lo que habían traído. 6 Entonces les dijo él en secreto: Bendecid al Dios del cielo, y glorificadle delante de todos los vivientes, porque ha hecho brillar en vosotros su misericordia. 7 Porque así como es bueno tener oculto el secreto confiado por el rey, es cosa muy loable el publicar y celebrar las obras de Dios. 8 Buena es la oración acompañada del ayuno, y el dar limosna mucho mejor que tener guardados los tesoros de oro. 9 Porque la limosna libra de la muerte, y es la que purga los pecados, y alcanza la misericordia y la vida eterna. 10 Mas los que cometen el pecado y la iniquidad, son enemigos de su propia alma. 11 Por tanto voy a manifestaros la verdad, y no quiero encubriros más lo que ha estado oculto. 12 Cuando tú orabas con lágrimas, y enterrabas los muertos, y te levantabas de la mesa a medio comer, y escondías de día los cadáveres en tu casa, y los enterrabas de noche, yo presentaba al Señor tus oraciones.
13 Y por lo mismo que eras grato a Dios, fue necesario que la tentación o aflicción te probase. 14 Y ahora el Señor me envió a curarte a ti, y a libertar del demonio a Sara, esposa de tu hijo. 15 Porque yo soy el ángel Rafael, uno de los siete espíritus principales que asistimos delante del Señor. 16 Al oír estas palabras, se llenaron de turbación, y temblando cayeron en tierra, sobre su rostro. 17 Pero el ángel les dijo: La paz sea con vosotros, no temáis. 18 Pues mientras he estado yo con vosotros, por voluntad o disposición de Dios he estado; bendecidle, pues, y cantad sus alabanzas. 19 Parecía a la verdad que yo comía y bebía con vosotros; mas yo me sustento de un manjar invisible y de una bebida que no puede ser vista de los hombres. 20 Ya es tiempo de que me vuelva al que me envió; vosotros bendecid a Dios, y anunciad todas sus maravillas. 21 Dicho esto desapareció de su vista, y no pudieron ya verlo más. 22 Entonces postrados en tierra sobre su rostro por espacio de tres horas, estuvieron bendiciendo a Dios y levantándose de allí, publicaron todas sus maravillas.

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Atlas