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AVISARON, pues, a Holofernes, generalísimo del ejército de los asirios, que los hijos de Israel se preparaban para resistirle, y que tenían tomados los pasos de los montes. 2 Y montando en cólera, convocó encendido en saña a todos los príncipes de Moab, y a los capitanes de los amonitas, 3 y les habló de esta manera: Decidme qué casta de pueblo es ese que tiene ocupados los desfiladeros de los montes; o qué ciudades son las suyas, cuáles y cuán grandes; cuál sea también su valor, cuánta su gente y quién es el que gobierna sus tropas. 4 Y ¿por qué sólo éstos, entre todos los que moran hacia el oriente, nos han menospreciado, y no nos han salido al encuentro para recibirnos como amigos? 5 Entonces Aquior, jefe de todos los amonitas, le respondió en estos términos: Si te dignas escucharme, yo diré, oh señor, la verdad en tu presencia, acerca de este pueblo que habita en las montañas, y no saldrá de mi boca palabra falsa.


6 Ese pueblo desciende de los caldeos. 7 Habitó primero en la Mesopotamia; porque no quisieron seguir los dioses de sus padres, que habitaban en el país de la Caldea.


8 Abandonando, pues, las ceremonias de sus padres, que adoraban muchos dioses, 9 dieron culto al solo Dios del cielo; el cual por lo mismo les mandó salir de allí y pasar a vivir en Carán. Mas como después sobreviniese una gran carestía en todo aquel país, bajaron a Egipto; donde por espacio de cuatrocientos años se multiplicaron en tanto grado, que resultó un pueblo innumerable.


10 Por tanto, tratándolos con dureza el rey de Egipto y forzándolos a trabajar en barro y hacer ladrillos para edificar ciudades, clamaron a su Señor y Dios, el cual hirió con varias plagas toda la tierra de Egipto. 11 Al fin, los arrojaron de sí los egipcios. Pero viendo que habían cesado ya las plagas, quisieron de nuevo cautivarlos y reducirlos a la anterior servidumbre.


12 Mas ellos huyeron, y el Dios del cielo les abrió el mar, de tal manera, que de un lado y otro se cuajaron las aguas, formando como una muralla; y de este modo, caminando a pie enjuto, atravesaron el fondo del mar.


13 Al mismo tiempo un ejército innumerable de egipcios que iba tras de ellos persiguiéndolos por el mismo paso, fue de tal suerte sumergido por las aguas, que ni uno siquiera quedó para poder referir el suceso a los venideros. 14 Salidos del mar Rojo, hicieron alto en los desiertos del monte Sinaí , donde jamás hombre alguno pudo habitar, ni descansar ninguna persona. 15 Allí las fuentes amargas se les convirtieron en dulces, a fin de que pudiesen beber, y por espacio de cuarenta años recibieron el alimento del cielo.


16 Doquiera que pusieron el pie, sin arco ni saeta, sin escudo, ni espada, peleó por ellos su Dios, y fue siempre vencedor. 17 Y no hubo quien pudiese hacer daño a este pueblo, sino cuando él se desvió del culto del Señor su Dios. 18 Y así siempre que, fuera de su Dios adoraron a otro, fueron entregados al saqueo, y a la muerte, y al oprobio. 19 Mas cuantas veces se arrepintieron de haber abandonado el culto de su Dios, el Dios del cielo les dio fuerzas para defenderse. 20 Así es que ellos abatieron a los reyes cananeos, y jebuseos, y ferezeos, y heteos, y heveos, y amorreos, y a todos los potentados de Hesebón, y poseen al presente sus tierras y ciudades; 21 y mientras no han pecado contra su Dios les ha ido bien, porque su Dios aborrece la iniquidad. 22 Y aun pocos años hace, habiéndose desviado del camino que Dios les había enseñado, para que anduviesen por él, fueron derrotados y batidos por varias naciones, y llevados cautivos muchísimos de ellos a tierras extrañas. 23 Pero últimamente, habiéndose convertido hace poco al Señor su Dios, regresaron todos de los lugares en que habían sido esparcidos, y han repoblado todas estas montañas, y son nuevamente dueños de Jerusalén , donde está su san-tuario. 24 Ahora, pues, infórmate, oh señor mío, si son ellos reos de algún delito en presencia de su Dios; y en tal caso marchemos contra ellos, porque indudablemente los entregará su Dios en tus manos, y quedarán subyugados a tu dominio.
25 Pero si este pueblo no ha delinquido contra su Dios, no podremos resistirle; porque lo defenderá su Dios, y vendremos a ser el escarnio de toda la tierra. 26 Luego que acabó Aquior de hablar estas palabras, se indignaron todos los magnates de Holofernes, y trataban de quitarle la vida, diciéndose unos a otros:


27 ¿Quién es éste que dice que al rey Nabucodonosor y a sus ejércitos le pueden hacer frente los hijos de Israel, unos hombres sin armas, y sin valor, ni pericia en el arte militar? 28 Pues para que Aquior conozca cómo nos engaña, subamos a las montañas, y hechos prisioneros los más valientes de aquella nación, entonces será pasado él a cuchillo con ellos; 29 a fin de que sepa todo el mundo que Nabucodonosor es el dios de la tierra y que fuera de él no hay otro ninguno."

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