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Y habló el Señor a Moisés, diciendo: 2 Da orden a los hijos de Israel, que echen fuera del campamento a todo leproso y al que adolece de gonorrea, y al manchado por causa de algún muerto. 3 Así a hombres como a mujeres echadlos fuera del campamento, para que no le contaminen, pues habito yo en medio de vosotros. 4 Lo hicieron así los hijos de Israel, y los echaron fuera del campamento, según lo había ordenado el Señor a Moisés. 5 Además habló el Señor a Moisés, diciendo: 6 Di a los hijos de Israel: cuando un hombre o mujer cometieren alguno de los pecados en que suelen caer los mortales, y por descuido transpasaren el mandato del Señor, y delinquieren, 7 confesarán su culpa, y restituirán al sujeto contra quien pecaron el justo precio del daño que le habrán hecho con una quinta parte más.

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8 Que si no hay persona a quien pueda hacerse esta restitución, se la darán al Señor, y será del sacerdote; excepto el carnero que se ofrece por el perdón para que sirva de sacrificio propiciatorio. 9 Asimismo todas las primicias que ofrecen los hijos de Israel, pertenecen al sacerdote; 10 y todo cuanto ofrece cada uno al santuario, y entrega en mano del sacerdote, será de éste. 11 Habló también el Señor a Moisés, diciendo: 12 Habla con los hijos de Israel y diles: Si una mujer casada se extraviare, y despreciando al marido,
13 durmiere con otro hombre, y el marido no pudiere averiguarlo, sino que el adulterio está oculto, no hay ningún testigo, y no ha sido sorprendida, 14 si se apodera del marido el espíritu de celos contra la mujer, la cual, o se ha deshonrado, o es tachada por falsa sospecha, 15 la llevará delante del sacerdote, y ofrecerá por ella en oblación la décima parte de un saco de harina de cebada, sin verter aceite encima, ni poner incienso; porque es éste un sacrificio por celos y ofrenda para descubrir un adulterio. 16 El sacerdote, pues, la presentará y pondrá en pie ante el Señor, 17 y tomará del agua santa o del santuario en un vaso de barro, y echará en ella un poquito de polvo del pavimento del Tabernáculo. 18 Y estando en pie la mujer delante del Señor, le descubrirá la cabeza y le pondrá en las manos el sacrificio de recordación o averiguación del pecado, y la ofrenda de celos; y él tendrá las aguas amarguísimas o funestas, sobre las cuales ha pronunciado con execración las maldiciones, 19 y la conjurará y dirá: Si no ha dormido contigo hombre ajeno y si no te has deshonrado con hacer traición al marido, no te harán daño estas aguas amarguísimas sobre las cuales he amontonado maldiciones. 20 Pero si te has enajenado de tu marido, y te has deshonrado, y dormiste con otro hombre, 21 incurrirás en estas maldiciones. Te ponga Dios por objeto de execración y escarmiento de todos en su pueblo; haga que se pudran tus muslos y que tu vientre, hinchándose, reviente; 22 entren las aguas de maldición en tus entrañas, y entumeciéndose tu regazo, púdranse tus muslos. A lo que responderá la mujer: Amén. Amén. 23 Y el sacerdote escribirá en una cédula estas maldiciones y las borrará en seguida con las aguas amarguísimas sobre las cuales descargó las maldiciones, 24 y se las dará a beber a la mujer; y cuando ella haya acabado de beberlas,
25 tomará el sacerdote de manos de la mujer el sacrificio por los celos y le elevará en la presencia del Señor; y le pondrá sobre el altar; pero antes 26 cogerá un puñado de la harina que se ha ofrecido en sacrificio y la quemará sobre el altar, y entonces dará a beber las aguas amarguísimas a la mujer. 27 Bebidas las cuales, si ella ha pecado y con desprecio de su marido se ha hecho rea de adulterio, la penetrarán las aguas de maldición, e hinchado el vientre se le pudrirán los muslos, y aquella mujer vendrá a ser la execración y el escarmiento de todo el pueblo. 28 Pero si no ha pecado, no sentirá daño ninguno y tendrá muchos hijos. 29 Esta es la ley del sacrificio por los celos. Si la mujer hiciere traición a su marido, y se hubiere amancillado, 30 y el marido estimulado del espíritu de los celos, la trajere a la presencia del Señor, y el sacerdote hiciere con ella todo lo que se ha escrito, 31 el marido será exento de culpa y ella pagará la pena de su pecado.

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