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¡AY de ti, ciudad sanguinaria, llena toda de fraudes y de extorsiones, y de continuas rapiñas!

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2 Se oye estruendo de látigos, estruendo de impetuosas ruedas, y de relinchos de caballos, y de carros ardientes, y de caballería que avanza. 3 Y de relucientes espadas, y de relumbrantes lanzas, y de muchedumbre de heridos que mueren, y de grandísima derrota; son innumerables los cadáveres; los unos caen muertos encima de los otros. 4 Todo esto por causa de las muchas fornicaciones de la ramera bella y agraciada, la cual posee el arte de hechizar, y ha hecho esclavos de sus fornicaciones a los pueblos, y de sus hechizos a las familias. 5 Aquí estoy yo contra ti, dice el Señor de los ejércitos, y descubriré tus infamias ante tu misma cara, y mostraré a las gentes la desnudez tuya, y a todos los reinos tu oprobio.

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6 Y haré recaer sobre ti tus abominaciones, y te cubriré de afrentas y te pondré de modo que sirvas de escarmiento. 7 Y entonces todos cuantos te vieren, retrocederán lejos de ti, horrorizados, diciendo: Nínive ha sido asolada. ¿Quién con un movimiento de cabeza mostrará compasión de ti? ¿En dónde buscaré yo quien te consuele? 8 ¿Eres tú por ventura mejor que la populosa Alejandría, que tiene su asiento entre ríos o brazos del Nilo, y está rodeada de aguas; cuyos tesoros son el mar, y las aguas son murallas? 9 Su inmensa fortaleza eran Etiopía y Egipto, y tenía por auxiliares Africa y Libia. 10 Mas ella ha sido llevada cautiva a país extranjero, sus párvulos han sido estrellados en las esquinas de todas las calles; y se echaron suertes sobre sus nobles, y fueron metidos en cepos todos sus magnates. 11 Tú, pues, ¡oh Nínive!, beberás hasta embriagarte: y serás habitada, y pedirás socorro a tu mismo enemigo. 12 Caerán todas tus fortalezas, como a una sacudida caen las brevas maduras en la boca del que va a comérselas.
13 Mira que el pueblo que contiene se ha vuelto débil como si fuese un pueblo de mujeres. Las puertas de tu país se abrirán de par en par a tus enemigos; devorará el fuego los cerrojos o barras que les pongas. 14 Abastécete de agua para cuando te halles sitiada; repara tus fortificaciones; entra en el barro, y písalo, y amasándolo forma de él ladrillos. 15 Entonces serás devorada por el fuego; perecerás al filo de la espada, la cual te devorará, como el pulgón a la hierba, aunque reúnas gente en tanto número como el pulgón y la langosta. 16 Tus negociantes eran en mayor número que las estrellas del cielo; mas fueron como el pulgón, que habiéndose engordado voló a otra parte. 17 Tus guardas o capitanes se parecen a las langostas, y tus pequeños habitantes o soldados a las tiernas langostas; las cuales hacen asiento en los vallados durante el frío de la noche; pero luego que el sol ha nacido, se levantan, y ya no queda rastro de ellas en el lugar en donde han parado. 18 Se durmieron, ¡oh rey de Asur!, tus pastores, o capitanes; enterrados serán tus príncipes; se escondió tu gente por los montes, y no hay quien la reúna. 19 Notoria se ha hecho tu calamidad; tu llaga tiene muy mala cura; batieron las manos en señal de alegría todos cuantos han sabido lo que te ha acaecido: porque ¿a quién no dañó en todo tiempo tu malicia?

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Atlas