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ACUÉRDATE, ¡oh Señor!, de lo que nos ha sucedido; mira y considera nuestra ignominia. 2 Nuestra heredad ha pasado a manos de extranjeros, en poder de extraños se hallan nuestras casas. 3 Nos hemos quedado como huérfanos, privados de su padre; están como viudas nuestras madres. 4 A precio de dinero bebemos nuestra agua, y con dinero compramos nuestra leña. 5 Atados del cuello nos conducen como a bestias, no se da descanso a los fatigados. 6 Alargamos nuestras manos a los egipcios y a los asirios, para saciarnos de pan. 7 Pecaron nuestros padres, y ya no existen; y el castigo de sus iniquidades lo llevamos nosotros. 8 Nuestros esclavos se han enseñoreado de nosotros; no hubo quien nos libertase de sus manos. 9 Con peligro de nuestras vidas vamos a lugares desiertos en busca de pan, temiendo siempre la espada. 10 Quemada y renegrida como un horno ha puesto nuestra piel el hambre atroz. 11 Deshonraban a las mujeres de Sión, violaban a las vírgenes en las ciudades de Judá. 12 Colgados de la mano en un madero han sido los príncipes; no han tenido respeto alguno a los ancianos.
13 Abusaron deshonestamente de los jóvenes; y los muchachos caían al peso de la leña. 14 Faltan ya en las puertas los ancianos, y no se ven los jóvenes en el coro de los músicos que tañen. 15 Se extinguió la alegría en nuestro corazón; se han convertido en luto nuestras danzas. 16 Han caído de nuestras cabezas las coronas o guirnaldas: ¡ay de nosotros, que hemos pecado! 17 Por esto ha quedado melancólico nuestro corazón; por esto perdieron la luz nuestros ojos. 18 Porque desolado está el monte santo de Sión; las zorras y demás fieras se pasean por él. 19 Pero tú, ¡oh Señor!, permanecerás eternamente; tu solio subsistirá en todas las generaciones venideras. 20 ¿Por qué para siempre te has de olvidar tú de nosotros? ¿Nos has de tener abandonados por largos años? 21 Conviértenos, ¡oh Señor!, a ti, y nos convertiremos; renueva tú nuestros días felices, como desde el principio. 22 Mas tú, Señor, nos has desechado como para siempre: te has irritado terriblemente contra nosotros.

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Ilustración
Atlas