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ESTO dice el Señor: He aquí que yo levantaré un viento pestífero o destructor contra Babilonia y sus moradores, los cuales se han levantado contra mí. 2 Y enviaré contra Babilonia aventadores, que la aventarán, y asolarán su país; porque en el día de su tribulación acudirán de todas partes contra ella. 3 El que apunta el arco, poco importa que no lo apunte, ni que vaya sin coraza; porque la victoria es segura. No tenéis que perdonar a sus jóvenes, matad a todos sus soldados. 4 Y muertos caerán en tierra de los caldeos, y heridos serán en sus regiones. 5 Porque no han quedado Israel y Judá abandonados de su Dios, el Señor de los ejércitos; y porque la tierra de los caldeos está llena de pecados contra el Santo de Israel. 6 Huid, ¡oh judíos!, de en medio de Babilonia, y ponga cada cual a salvo su propia vida; no seáis indolentes en orden a su iniquidad; porque ha llegado el tiempo de la venganza del Señor, el cual le dará su merecido.

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7 Babilonia ha sido hasta ahora en la mano del Señor como un cáliz de oro para embriagar o hacer beber su ira a toda la tierra. Todas las naciones bebieron de su vino, y quedaron como fuera de sí. 8 Babilonia ha caído repentinamente, y se ha hecho pedazos, prorrumpid en alaridos sobre ella; tomad bálsamo para sus heridas, por si tal vez puede curarse.

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9 Hemos dado medicinas a Babilonia, y no ha curado, dicen sus amigos; abandonémosla, pues, y volvámonos cada cual a su tierra; pues sus delitos subieron más allá de las nubes, llegaron hasta el cielo. 10 El Señor ha hecho aparecer nuestra justicia, venid y publiquemos en Sión la obra del Señor Dios nuestro. 11 Aguzad, ¡oh babilonios!, vuestras saetas, llenad de ellas vuestras aljabas. El Señor ha suscitado el espíritu de los reyes de la Media, y ha tomado ya su resolución de arruinar a Babilonia; porque el Señor debe ser vengado, debe ser vengado su templo. 12 Levantad enhorabuena las banderas sobre los muros de Babilonia, aumentad la guarnición, poned centinelas, disponed emboscadas; pero el Señor ha decretado y ejecutará todo cuanto predijo contra los habitantes de Babilonia.
13 ¡Oh tú, que tienes tu asiento entre abundancia de aguas, colmada de riquezas!, tu fin ha llegado, ha llegado el punto fijo de tu destrucción. 14 El Señor de los ejércitos ha jurado por sí mismo, diciendo: Yo te inundaré de una turba de hombres asoladores como langostas; y se cantará contra ti la canción de la vendimia o del castigo.

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15 El es el que con su poderío hizo la tierra, y el que con su sabiduría dispuso el mundo, y extendió los cielos con su inteligencia.

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16 A una voz suya se congregan las aguas en el cielo; él hace venir del cabo del mundo las nubes; deshace en lluvia los relámpagos y saca de sus tesoros el viento.

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17 En necio paró todo hombre con su saber. La estatua misma del ídolo es la confusión de todo artífice; porque cosa mentirosa es la obra que él ha hecho; no hay en ella espíritu de vida. 18 Obras vanas son ésas y dignas de risa o desprecio, ellas perecerán en el tiempo del castigo. 19 No es como las tales obras aquel que es la porción o la herencia de Jacob ; pues él es quien ha formado todas las cosas, e Israel es su reino hereditario. Señor de los ejércitos es el nombre suyo. 20 Tú, ¡oh Babilonia!, has sido para mí el martillo con que he destrozado las gentes belicosas; y por medio de ti yo arruinaré naciones, y asolaré reinos; 21 y por tu medio acabaré con los caballos y caballeros, y con los carros armados y los que los montan. 22 Por medio de ti acabaré con hombres y mujeres; por medio de ti acabaré con viejos y niños; y acabaré por tu medio con los jóvenes y doncellas. 23 Por tu medio acabaré con el pastor y con su grey, y por tu medio acabaré con el labrador y con sus yuntas, y acabaré por tu medio con los caudillos y los magistrados. 24 Y después, ante vuestros ojos, yo pagaré a Babilonia y a todos los moradores de la Caldea todo el mal que hicieron contra Sión, dice el Señor.
25 Aquí estoy yo contra ti, dice el Señor, ¡oh monte pestífero que profanas toda la tierra!, y extenderé contra ti mi mano, y te precipitaré de entre tus peñas, y te haré semejante a un monte consumido por las llamas. 26 No se sacará de ti ni piedra útil para una esquina, ni piedra para cimientos; sino que quedarás destruido para siempre, dice el Se-ñor. 27 Alzad bandera en la tierra, haced resonar la trompeta entre las naciones, preparad los pueblos a una guerra sagrada contra Babilonia; llamad contra ella a los reyes de Ararat, de Menni y de Ascenez; alistad contra ella los soldados de Tafsar; poned en campaña caballos como un ejército de langostas armadas de aguijones. 28 Preparad a la guerra sagrada contra ella a los pueblos, y a los reyes de la Media, y a sus capitanes, y a todos sus magnates, y a todas las provincias que le están sujetas. 29 En seguida será conmovida y conturbada la tierra, porque pronto se cumplirá el decreto del Señor, por el cual el país de Babilonia quedará desierto e inhabitable. 30 Han abandonado el combate los valientes de Babilonia, se han metido en las fortalezas, se acabó su valor, son ya como mujeres, incendiadas han sido sus casas, y hechos pedazos los cerrojos de sus puertas. 31 Un correo alcanzará a otro correo, un mensajero a otro mensajero, van a contar al rey de Babilonia que su ciudad ha sido tomada desde un cabo al otro; 32 y que están tomados los vados del río, y que han incendiado los cañaverales de junto a las lagunas, y que están llenos de turbación todos los guerreros. 33 Porque esto dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: La hija de Babilonia será pisada como la mies en la era; ha llegado el tiempo de ser trillada; dentro de poco comenzará la siega. 34 Nabucodonosor, rey de Babilonia, me ha consumido, me ha devorado; me ha dejado como una vasija vacía de todo; cual dragón me ha tragado; ha llenado su vientre de todo lo que tenía yo más precioso, y me ha echado fuera y dispersado. 35 Las injusticias cometidas contra mí, dice la hija de Sión, y la carnicería que ha hecho en mis hijos, está clamando contra Babilonia; y la sangre mía, dice Jerusalén , grita contra los habitantes de Caldea. 36 Por lo tanto esto dice el Señor: He aquí que yo tomaré por mi cuenta tu causa, y te vengaré de los agravios; yo dejaré sin agua su mar, y secaré sus manantiales.

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37 Y quedará Babilonia reducida a un montón de escombros, guarida de fieras, objeto de pasmo y de escarnio; pues permanecerá inhabitada. 38 Rugirán los caldeos todos a una como leones; sacudirán sus melenas como vigorosos leoncitos. 39 Los dejaré que se calienten en sus banquetes, y que se embriaguen; para que, aletargados, duerman un sueño perdurable, del cual no despierten ya, dice el Señor.

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40 Los conduciré como corderos al matadero, y como carneros y cabritos. 41 ¡Cómo ha sido tomada Sesac y vencida la más esclarecida entre las ciudades de la tierra!; ¡cómo ha venido a ser aquella gran Babilonia el asombro de todos los pueblos! 42 Un mar ha inundado a Babilonia, y la cantidad de sus olas la ha ahogado. 43 Sus ciudades se han hecho un objeto de terror, un terreno inhabitable y desierto, en el cual no viva nadie, ni transite por él persona alguna. 44 Y castigaré a Bel en Babilonia, y le haré vomitar lo que ha engullido, y de allí en adelante no concurrirán a él las naciones; pues hasta los muros de Babilonia serán arrasados. 45 Salta de ella, ¡oh pueblo mío!, salve cada cual su vida de la terrible ira del Señor. 46 Y procurad que no desmaye vuestro corazón, y no os amedrenten las nuevas que correrán por el país; un año vendrá una noticia, y después de este año otra noticia, y se verá la maldad u opresión en la tierra, y a un dominador seguirá otro dominador. 47 Pues entonces llegará el tiempo en que yo destruiré los ídolos de Babilonia, y quedará llena de confusión toda su tierra, en medio de la cual caerán muertos todos sus ciudadanos. 48 Los cielos y la tierra, y cuanto hay en ellos cantarán alabanzas al Señor por lo sucedido a Babilonia; porque del norte le vendrán sus destructores, dice el Señor.
49 Y al modo que Babilonia hizo morir a tantos en Israel, así los de Babilonia se verán caer muertos por todo el país.

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50 Vosotros que huisteis de la espada, venid, no os paréis, desde lejos acordaos del Señor, y ocupe otra vez Jerusalén todo vuestro corazón. 51 Avergonzados estamos, ¡oh Señor!, de los oprobios que hemos oído: Se cubrieron de confusión nuestros rostros, porque los extranjeros entraron en el santuario del templo del Señor. 52 Por eso, dice el Señor, he aquí que llega el tiempo en que yo destruiré sus simulacros, y en todo su territorio se oirán los aullidos de sus heridos. 53 Aun cuando Babilonia se levantare hasta el cielo, y afianzare en lo alto su fuerza, yo enviaré, dice el Señor, gentes que la destruirán. 54 Grandes gritos se oirán de Babilonia, y un gran estruendo de tierra de los caldeos, 55 porque ha asolado el Señor a Babilonia, y ha hecho cesar su orgulloso tono; y será el ruido de sus oleadas semejante al de una gran mole de aguas, tal será el sonido de sus gritos. 56 Porque ha venido el ladrón sobre ella, esto es, sobre Babilonia, y han sido cogidos sus valientes, cuyo arco se quedó sin fuerza; porque vengador poderoso es el Señor, el cual les dará la paga merecida. 57 Y embriagaré con el cáliz de mi ira a sus príncipes, y a sus sabios, y a sus capitanes, y a sus magistrados, y a sus campeones, y haré que duerman un sueño perdurable, del cual jamás despertarán, dice el Señor, cuyo nombre es Señor de los ejércitos.

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58 Esto dice el Señor de los ejércitos: Aquel anchísimo muro de Babilonia será arruinado de arriba abajo, y serán abrasadas sus altísimas puertas, y reducido a la nada el trabajo de los pueblos, y a ser pasto de las llamas la faena de las naciones. 59 Orden que dio Jeremías profeta a Saraías, hijo de Nerías, hijo de Maasías, cuando iba con el rey Sedecías a Babilonia, en el cuarto año de su reinado. Saraías era el jefe de la embajada. 60 Escribió Jeremías en un volumen todas las calamidades que habían de venir contra Babilonia, es a saber, todo esto que queda escrito contra ella. 61 Y le dijo Jeremías a Saraías: Cuando hayas llegado a Babilonia, y hayas visto y leído todas estas palabras, 62 dirás: ¡Oh Señor!, tú has dicho que destruirás este lugar de modo que no quede quien lo habite, ni hombre ni bestia, y sea una eterna soledad. 63 Y así que hayas concluido la lectura de este libro, atarás a él una piedra, y lo arrojarás en medio del Eufrates; 64 y dirás: De esta manera será sumergida Babilonia, y no se recobrará del completo estrago que voy a descargar contra ella, y quedará para siempre destruida. Hasta aquí las palabras de Jeremías.

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