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SED, pues, imitadores míos, así como yo lo soy de Cristo . 2 Yo por mi parte os alabo, hermanos míos, de que en todas cosas os acordéis de mí, y de que guardéis mis instrucciones, conforme os lo tengo enseñado. 3 Mas quiero también que sepáis que Cristo es el jefe y la cabeza de todo hombre, como el hombre es cabeza de la mujer, y Dios lo es de Cristo .

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4 Todo hombre que ora o que profetiza teniendo la cabeza cubierta, deshonra su cabeza. 5 Al contrario, mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta deshonra su cabeza, siendo lo mismo que si se rapase. 6 Por donde si una mujer no se cubre con un velo la cabeza, que se la rape también. Que si es cosa fea a una mujer el cortarse el pelo, o raparse, cubra por lo mismo su cabeza. 7 Lo cierto es que no debe el varón cubrir su cabeza, pues él es la imagen y gloria de Dios; mas la mujer es la gloria del varón.

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8 Que no fue el hombre formado de la hembra, sino al contrario la hembra del hombre. 9 Como ni tampoco fue el hombre creado para la hembra, sino la hembra para el hombre.

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10 Por tanto debe la mujer traer sobre la cabeza la divisa de la sujeción, y también por respeto a los ángeles. 11 Bien es verdad que ni el varón por ley del Señor existe sin la mujer, ni la mujer sin el varón. 12 Pues así como la mujer al principio fue formada del varón, así también ahora el varón nace de la mujer; y todo por disposición de Dios.
13 Sed jueces vosotros mismos, ¿es decente a la mujer hacer en público oración a Dios sin velo? 14 ¿No es así que la naturaleza misma, o la común opinión, os dicta que no es decente al hombre dejarse crecer siempre su cabellera; 15 al contrario, para la mujer es gloria dejarse crecer el cabello, porque los cabellos le son dados a manera de velo para cubrirse? 16 Pero si no obstante estas razones, alguno se muestra terco, le diremos que nosotros no tenemos esa costumbre, ni la Iglesia de Dios. 17 Por lo que toca a vuestras asambleas, yo os declaro que no puedo alabaros, pues ellas en lugar de seros útiles, os sirven de daño. 18 Primero oigo que al juntaros en la iglesia hay entre vosotros parcialidades o desuniones, y en parte lo creo. 19 Siendo, como es, forzoso que aun herejías haya, para que se descubran entre vosotros los que son de una virtud probada. 20 Ahora, pues, cuando vosotros os juntáis ya no es para celebrar la cena del Señor. 21 Porque cada uno come allí lo que ha llevado para cenar sin atender a los demás. Y así sucede que los unos no tienen nada que comer, mientras los otros comen con exceso. 22 ¿No tenéis vuestras casas para comer allí y beber?, ¿o venís a profanar la Iglesia de Dios, y avergonzar a los pobres, que no tienen nada? ¿Qué os diré sobre eso? ¿Os alabaré? En eso no puedo alabaros. 23 Porque yo aprendí del Señor lo que también os tengo ya enseñado, y es que el Señor Jesús la noche misma en que había de ser traidoramente entregado, tomó el pan, 24 y dando gracias, lo partió, y dijo a sus discípulos: Tomad, y comed, éste es mi cuerpo, que por vosotros será entregado a la muerte; haced esto en memoria mía.

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25 Y de la misma manera el cáliz, después de haber cenado, diciendo: Este cáliz es el nuevo testamento en mi sangre; haced esto cuantas veces lo bebiereis, en memoria mía. 26 Pues todas las veces que comiereis este pan y bebiereis este cáliz, anunciaréis la muerte del Señor hasta que venga. 27 De manera que cualquiera que comiere este pan, o bebiere el cáliz del Señor indignamente, reo será del cuerpo y de la sangre del Señor.

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28 Por tanto, examínese a sí mismo el hombre; y de esta suerte coma de aquel pan, y beba de aquel cáliz.

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29 Porque quien lo come y bebe indignamente, se traga y bebe su propia condenación, no habiendo el debido discernimiento del cuerpo del Señor. 30 De aquí es que hay entre vosotros muchos enfermos y sin fuerzas, y muchos que mueren. 31 Que si nosotros entrásemos en cuentas con nosotros mismos, ciertamente no seríamos así juzgados por Dios. 32 Si bien cuando lo somos, el Señor nos castiga como a hijos con el fin de que no seamos condenados junto con este mundo. 33 Por lo cual, hermanos míos, cuando os reunís para esas comidas de caridad, esperaos unos a otros. 34 Si alguno tiene hambre, coma en casa, a fin de que al juntaros no sea para condenación vuestra. Las demás cosas yendo yo ahí, las arreglaré.

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Atlas